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Honduras
martes, junio 30, 2026

Producir a oscuras (Segunda parte)

Por Rodrigo Amador

Y la confianza es un recurso económico invaluable. Ningún inversionista serio observa una ciudad sometida a interrupciones constantes del suministro eléctrico y concluye que es el lugar ideal para expandir operaciones. Ninguna empresa analiza esos riesgos y decide asumirlos voluntariamente si tiene alternativas más estables en otros mercados. Por eso los apagones no son únicamente un problema técnico. Son un problema económico, social y estratégico. Cada hora sin energía representa riqueza que no se produce, empleo que no se crea e inversión que no llega.

Lo verdaderamente indignante es que el país parece haberse resignado. Hemos llegado al punto en que la discusión pública gira alrededor de cuándo ocurrirá el próximo apagón y no alrededor de por qué seguimos aceptándolo. Nos hemos acostumbrado a vivir administrando el fracaso. Nos hemos acostumbrado a comprar inversores, baterías y generadores como si fueran artículos esenciales del hogar. Nos hemos acostumbrado a que los negocios tengan que invertir en sobrevivir antes que en crecer. Nos hemos acostumbrado a una precariedad que ningún país con ambiciones de desarrollo debería tolerar.

La electricidad no es un lujo. Es la base sobre la que funciona una economía moderna. Sin energía confiable no existe competitividad. Sin competitividad no existe crecimiento. Y sin crecimiento no existe prosperidad. Mientras Honduras continúe tratando los apagones como una molestia inevitable en lugar de asumirlos como una emergencia nacional de productividad, seguiremos atrapados en el mismo círculo vicioso: más costos, menos inversión, menos empleo y menos oportunidades.

La oscuridad que afecta al país no proviene únicamente de los cortes de energía. Proviene de la falta de visión para comprender que ninguna nación puede aspirar al desarrollo mientras su economía se apaga varias veces al día.

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