Por Ernesto Alvarado Reina

En primer lugar, tenemos que definir lo que, de acuerdo a la terminología jurídica y social, se comprende y precisa como Feminicidio: radica en el asesinato o muerte violenta de las mujeres por razones de género; o bien, la forma extrema de violencia machista dentro de un contexto de disconformidad o discrepancia, determinadas por razones de poder y autoridad entre hombres y mujeres.
En efecto, los mejores y acreditados ofrecimientos se valoran y confirman con la realización eficiente de obras concretas de formidable beneficio colectivo, logrando en toda su magnitud y profundidad, un derrame de clamor popular, un elemental motivo que cala y abre una ocurrencia esplendorosa, sin adversidades, o bien apartada de visibles restricciones, tratando así, de manera directa o indirectamente de presentar, o bien, sin poner barreras humedecidas de dificultades absurdas que son un obstáculo de impedimento ingrato e insensible.
La delicada, serena, pacifica o frugal aptitud y la demostrada capacidad son el aliciente de coordinación, felizmente combinado con un caudal de convincente seguridad y valiosa certidumbre. Donde una sociedad determinada, fija las reglas claras y obligatorias se producen resultados de alta consideración positiva. En consecuencia, tenemos que luchar por alcanzar la incorporación nacional hondureña por medio de la educación, con justo esmero, preferente cuidado, planificación deseada, gastos presupuestarios del Gobierno y ejercicio anual de cantidades periódicas que aumenten sustancialmente, destinadas al lograr los precisos e inestimables objetivos de previo calificados dentro de la visible labor de superación académica y docente, cuya misión y resultado germine portentosa para toda la colectividad.
Frente al impactante aumento de los feminicidios en situaciones contradictorias del núcleo social se tiene que cumplir con una problemática planteada que se resume dentro de la consecuente dirección debida y justa, para que las grandes realizaciones se resuelven atendiendo los grandes como equitativos reclamos del pueblo a efecto de robustecer y consolidar el fortalecimiento de las instituciones gubernamentales. Las alternativas o procedimientos indispensables de solución existen, sin embargo, es preciso destinar los recursos económicos e intelectuales solicitados o mandos requeridos, para ensanchar las rutas de legítimo como positivo bienestar y certificado crecimiento sostenido.
Ante un horizonte inclinado a un brillante futuro de meritorias etapas que definen la soberana y feliz condición de una Nación Independiente. – El Estado Hondureño tiene la ineludible obligación de proteger a la infancia, de salvaguardar la juventud y contribuir a su verdadera e indiscutible formación de la familia, dentro del orden ambicionado plan de conveniencia que logre atender las necesidades absolutas y relativas de la vejez o senectud.
No podemos apartarnos o desconocer que cuando los motivos, razones y circunstancias lo exijan, se configura una Plan de Nación, que sea el reflejo fiel de la capacidad y competencia de los Empleados y Funcionarios Públicos; y el cumplimiento de la fidedigna responsabilidad o compromiso, la eficaz preparación y la consideración especial de un espacio abierto y amplio de caminos hacia el desarrollo económico, instructivo , social, de higiene, de salud con medicamentos, apertura de fuentes de trabajo, para aminorar el desempleo, con nuevas y mejores oportunidades, para que la juventud ocupe un lugar preferente dentro de la complejidad del mundo empresarial, misma que deviene a externar una política financiera con ejercicio imparcial o ecuánime.
Habrá que evitar el aumento de los feminicidios con armonía y tranquilidad oportunas, dentro del marco que fijan las leyes y confirmando la unificación total de los linajes o de las familias sin ningún tipo de discriminación, distinción o deferencia que marque opacidad o una sombra repelente que contradiga o subsuma la voluntad de la ley.
En resumen, tenemos que observar una política de igualdad de derechos y obligaciones de la ciudadanía, manteniendo siempre fijo el imperio de la libertad y los principios constitucionales, sin desconocer otras soluciones conflictivas, que tiene como objetivo fundamental conducir sin cortapisas a un expectante futuro de alta consideración y estima.



