Por Mirna Isabel Rivera

La quema de libros, o bibliocausto, parecía haber quedado en la historia. Los poderes autoritarios han utilizado esta práctica para asegurarse el control de las personas. La palabra escrita no es letra muerta; representa el pensamiento humano, su lógica y emociones. Entre menos pluralista es una sociedad, más le temen; saben que un pueblo educado es capaz de ponerlos de rodillas.
Los bibliocaustos más conocidos de la historia: la Biblioteca de Alejandría, siglos después, el Auto de Fe en Granada, Hoguera de las Vanidades en Florencia; se quemaron libros considerados contrarios a la moral religiosa.
En nuestro continente, cuando los españoles destruyeron numerosos códices mayas y aztecas. Más adelante, en 1933, el bibliocausto nazi se manifestó mediante quemas públicas de libros considerados contrarios a la ideología del régimen, por mencionar algunos (Báez, 2012).
Ahora que ya estamos más familiarizados con los bibliocaustos, les comento sobre la “quema” digital de libros más reciente, que parece sacada de un libro de ciencia ficción adaptado por Netflix. En este caso, el autor es Anthropic, una empresa estadounidense dedicada al desarrollo de inteligencia artificial y creadora del asistente Claude, ese que muchos hemos usado más de una vez. Es la competencia de ChatGPT.
Ellos desarrollaron el proyecto denominado Panamá o Project Panama; este consistió en comprar de manera masiva libros físicos, usados en su mayoría, a vendedores comerciales. La empresa cortó lomos de los libros, procedió a escanear las páginas para digitalizarlas y, por último, recicló el material. No los quemó físicamente, pero desapareció los libros físicos para siempre, hizo una digitalización destructiva.
A diferencia de otras quemas de libros, Anthropic los usó para alimentar la inteligencia artificial con ejemplares físicos que digitalizaron; aunque es cuestionable cómo se destruyeron los ejemplares, la empresa terminó en los tribunales norteamericanos por otra razón: Varios autores denunciaron que sus obras habían sido tomadas sin autorización.
Anthropic también utilizó fuentes piratas y copias no autorizadas, por lo que tuvo que llegar a un acuerdo económico de alrededor de US$1,500 millones. El problema de Anthropic no son los libros que compró legalmente y luego recicló; el tema tiene que ver con derechos de autor.
Esta noticia no tiene un precedente en el antiguo mundo analógico; forma parte de los nuevos paradigmas que surgen en la era digital. El conocimiento tiene un enorme valor económico y la inteligencia artificial está en proceso de desarrollo y se entrena en esta etapa con lo que la humanidad ha creado a lo largo de la historia: libros, investigaciones, imágenes, creencias e ideas.
Las empresas tecnológicas son entes privados; ellos dominan los avances de la inteligencia artificial, se lucran de conocimiento colectivo y buscan ampliar sus ganancias en el mercado de valores.
¿Qué sucederá en el futuro cercano si la inteligencia artificial se convierte en el único ente capaz de generar conocimiento? Por los momentos, guardemos nuestros libros físicos y compremos más; quizás sea un tesoro literalmente para las futuras generaciones. (MIR).



