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Honduras
miércoles, junio 10, 2026

Positiva protección de los bosques

Por Ernesto Alvarado Reina

Es evidente que, a lo largo y ancho del territorio hondureño, existen una considerable como indeterminada cantidad de bosques que han sido abrazados por las llamas. Estos incendios forestales son generados hacia malévolos hechos y con la intención positiva de ciertos sujetos que sin prever las consecuencias desastrosas que causan a las comunidades, se dedican en forma voluntaria, o bien, obedeciendo consignas de otros dóciles sujetos, se ofrendan a la vil tarea de causar daños, sin prever las consecuencias posteriores que provocan.

En efecto, las zonas de ramificación o extensión de terrenos densamente poblados de árboles, arbustos y matorrales, donde se localizan una cantidad de animales de diversa especie o consideración, merecen un tratamiento sensible y de pretendida visión en conjunto para su cuidado y procedimiento peculiar, que hagan posible su verdadera subsistencia o sostenimiento con la finalidad fundamental de guardar un equilibrio ambiental deseado por la población aledañas  y ciudadanía o colectividad humana en general. Aunque parezca paradójico y extravagante, la intensidad monetaria dedicada facilita un caudal, que, desde luego, debilita y abona con sabiduría, un posterior resultado consecuente y aquilata ideas o doctrinas de un impulso hacia el desarrollo y prosperidad por entero de nuestro país.

Hay que generar los estadios positivos necesarios, mediante acciones de promesas que se cumplen utilizando esencialmente la inquietud cultura e intelectual que poseemos, apartando los engaños y florilegios políticos mezquinos. Hechos y no Palabras.

El Gobierno hondureño está en la obligación patriótica de forjar una política de genuina defensa d los Recursos Naturales, tanto renovables como no renovables, que, a su vez, hagan posible las diligencias, prontitudes o actividades del disfrute de la propiedad con el regocijo de los derechos y deberes del cual gozamos todos los hondureños. Por consiguiente, es indispensable declarar zonas protegidas para el caso, las reservas naturales y refugios o abrigos silvestres y las áreas núcleo de conveniencia nacional, lo cual no implica un desvalijamiento, despojo de las propiedades privadas, sino que, al contrario, son limitaciones que no afecten a los verdaderos dueños, o bien realizar acciones de protección efectiva de los bosques dentro del marco legal señalado en los diferentes ordenamientos jurídicos en vigencia. Se tiene que evitar mediante mecanismos especiales el correcto manejo de las fortunas originales o que surgen por la biósfera o entorno espontáneo, incluyendo la fauna, es decir, los animales de variado género.

La confianza pública y eficiente debe privar y concretarse dentro de un catálogo especial de conquistas populares con el singular ímpetu, que ameritan las portentosas o impresionantes acciones humanas y la dimensión futurista que implican. La positiva protección de los bosques tiene que ser una genuina obligación patriótica.

La realización de proyectos de vital interés comunitario tiene que contar con el decidido apoyo del pueblo hondureño, máxime si tratan de erradicar o disminuir los grandes problemas económico sociales que tenemos.

El actor material o intelectual de los incendios forestales, tienen que ser castigos con todo el peso de la ley. Que no queden sin castigo los culpables de la crisis.

La expresiva evidencia de los antes afirmado se alcanza sin limitaciones o restricciones, mediante capacidad, habilidad; y se utilizan formalmente por los Gobernantes, humedecidos sin lugar a dudas de los pensamientos    brillantes o resplandeciente luminaria que toca los umbrales e indicios de una meta fija y desinterés, que, con los estímulos o incentivos del caso, lograr cristalizar en una gran construcción, orientación y protección de los enormes Recursos Naturales que tiene la Nación.

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