Por Otto Martín Wolf

El ser humano está hecho para una vida de conflictos, responder a ellos o provocarlos, esa es la realidad. De lo mayor a lo menor, a través de la historia conocida comprobamos que jamás ha habido un período de tiempo que pueda ser catalogado como pacífico.
En la actualidad se desarrollan 56 conflictos armados, según cifras presentadas por el Instituto para la Economía y la Paz. Este Instituto (IEP) es un centro de investigación dedicado a “cambiar el enfoque mundial hacia la paz”.
Poético, inspirador pero, lamentablemente, sus números demuestran que en este momento la cifras de guerras interestatales (como Rusia vrs. Ucrania o el conflicto israel-palestino) y guerras civiles (las que se desarrollan en Sudán o Siria) son las más altas desde…. otra gran guerra, la Segunda Guerra Mundial.
Pero hay más aún, los conflictos se han vuelto más internacionales, con 92 países involucrados en enfrentamientos fuera de sus fronteras. Finalmente, para las Naciones Unidas, “el mundo vive una nueva era de conflicto y violencia, con más países expuestos a esa violencia”.
Todo lo anterior se refiere, como lo mencioné, a conflictos mayores. Tailandia y Camboya, India y Pakistán, Corea del Norte y Sur y muchas naciones más permanecen en alerta constante, con ataques periódicos de aviación, infantería y otros medios; de esos casi no sabemos tan puntualmente lo que sucede como lo de Rusia-Ucrania, etc.
Por cierto, poco a poco nos vamos acostumbrando a esa y otras guerras que pasan a ser algo dentro de la “normalidad”.Vayamos ahora más abajo al capítulo Guerras Civiles, de las cuales hay activas entre 30 y 56 en el mundo.
Siria, Sudán, Yemen, Somalia y la República Democrática del Congo entre otras. En nuestra búsqueda corresponde ir ahora a conflictos menores, como son las rencillas que pueden tener los vecinos de un barrio contra el otro, una clase social, un grupo delincuencial contra otro y los pleitos callejeros entre automovilistas, líos románticos y de vecinos, pleitos de borrachos, seguidores de diferentes equipos deportivos y, desde luego, por política. Vamos aún más abajo; pleitos familiares por herencias, celos y estupideces.
Mujer-marido y, claro, hermano contra hermano. La verdad es que al ser humano a lo largo de toda la historia, nunca le han faltado motivos para pelear. En la época de las cavernas peleaban grupos familiares por agua o refugio, las cosas no han cambiado para nada. De todas las especies existentes la humana es la más conflictiva o, mejor dicho, la única conflictiva.
Las hormigas de un mismo hormiguero viven una paz social perfecta, las abejas igualmente en sus colmenas y los pichetes en sus árboles y escondites rocosos. Claro, unas especies se comen a otras, lo que es normal e inevitable, así que tampoco tomaré como violencia del ser humano cuando nos comemos un pollo.
Y aquellos vegetarianos que no comen carne por razones religiosas o de convicción, que alimentan sólo de vegetales, desde un punto de vista realista, también ahí hay violencia, lo que quedaría comprobado si pudiéramos preguntarle a un aguacate si se siente contento cuando lo convierten en guacamole y se lo comen.
Los humanos matamos por poder, dinero, sexo y hasta por placer; no todos pero existe una cifra alta y bien representativa en ese sector. La política, que debería considerarse el medio civilizado de diálogo y convivencia, ha provocado muchos conflictos y muertes todo el tiempo al igual que… la religión.
Supuestamente un instrumento divino de paz y entendimiento, ha provocado muchísimas persecuciones, guerras y muertes todo el tiempo. No sólo en el pasado, en la actualidad la brutalidad fanática de ciertas religiones hace sentir su presencia en todas partes.
No sólo los del Islam, también entre los cristianos hay locos que ponen bombas en lugares donde se llevan a cabo cosas con las que no están de acuerdo, los pacifistas budistas no lo son como tampoco los de ninguna otra religión.
Nada más llévele la contraria a alguien y verá. Nunca ha habido paz en el mundo, nunca la habrá. Desde luego aquellos que siguen esperando sus mesías para que venga la paz tienen derecho a hacerlo. Dos, tres mil y más años de espera para que venga, finalmente la paz. Pueden sentarse, nunca la hubo.
No en el mítico Jardín del Edén ni en ninguna otra parte. Estamos hechos para pelear al menor motivo, somos un barril de pólvora que está siempre dispuesto a explotar para matar a los otros aunque también nos vayamos en la cuenta. Así somos, qué le vamos a hacer, no tenemos compostura, la guerra y el conflicto son parte de nuestra naturaleza.



