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Honduras
viernes, julio 3, 2026

Migración circular

Por: Rodolfo Dumas Castillo

abogado Rodolfo Dumas Castillo
abogado Rodolfo Dumas Castillo

Hace poco, conversando con representantes de España en nuestro país, surgió un tema que me pareció fascinante: la migración circular. Un mecanismo que ofrece a nuestros compatriotas una salida real a las “rutas de la muerte”. El programa GECCO (Gestión Colectiva de Contratación en Origen) es un referente que permite que centenares de compatriotas viajen a España para trabajar legalmente en la agricultura, retornando con un ingreso digno, habilidades útiles y, sobre todo, su dignidad intacta. Es un puente que transforma la necesidad en oportunidad. Este modelo bilateral rompe la falsa dicotomía; no es quedarse o huir, sino ciclos de hasta nueve meses, con empleos formales, salario digno y retorno garantizado. España ha duplicado sus cupos desde 2022 y los resultados son tan contundentes que ya está replicando el modelo en El Salvador y Guatemala. Para Honduras, esto se traduce en remesas constantes (sin el altísimo costo humano de las más de 11,000 deportaciones registradas solo en el primer trimestre de 2026) y una reducción drástica de la migración irregular. Al regresar, traen técnicas nuevas, disciplina laboral y, sobre todo, mayor confianza en sí mismos, con lo que se dispara el emprendimiento. El potencial real trasciende el campo. Imagínese escalar el modelo GECCO a sectores como la construcción, hotelería o cuidado de personas, donde la demanda española y el talento hondureño convergen. Para ello, se debe crear una ventanilla única en el Instituto Nacional de Migración. Una sola puerta donde se seleccione, capacite y reinserte. La protección de derechos no es negociable y debe incluir contratos justos, seguros médicos y una red consular que realmente proteja a nuestros compatriotas. La selección debe priorizar equidad regional, evitando que solo San Pedro Sula y Tegucigalpa se beneficien, y el gobierno debe invertir en programas para que el retorno no sea el final, sino un nuevo comienzo. También hay que digitalizar los procesos de selección con plataformas transparentes que eliminen intermediarios, asegurando que las vacantes lleguen a las zonas que históricamente nadie visita, donde el talento aguarda una oportunidad. Por su parte, España debe asegurar salarios competitivos frente a la inflación europea. Estos ajustes son menores frente al éxito de un modelo que mantiene familias unidas y comunidades fortalecidas. Honduras debe mirar al futuro con esta brújula. La migración circular toca tres prioridades urgentes: trabajo digno, reducción de desigualdades, asociaciones reales (los ODS son solo el nombre). No se trata de retener a toda costa, sino de dirigir el talento hacia ciclos virtuosos. Para 2027, con voluntad política, este modelo podría absorber miles de hondureños al año, convirtiendo la diáspora en un activo estratégico. Este modelo no sobrevive con buenos deseos, necesita raíces legales profundas. Una Ley de Movilidad Laboral que reconozca al trabajador que regresa, que le devuelva los impuestos ahorrados, que valide sus nuevas habilidades, que le abra puertas en lugar de cerrárselas, es decir, otorgarles un estatus legal claro a estos trabajadores circulares. Un agricultor que aprendió riego por goteo en Almería regresa no solo con dinero, sino con técnicas. Eso no es “transferencia de conocimientos técnicos”, es un hombre evolucionado que transforma su tierra. Un cocinero que trabajó en Barcelona regresa y abre un restaurante. Una enfermera que cuidó ancianos en Madrid ahora capacita a otras en su pueblo. Eso es lo que pasa cuando el Estado decide que los suyos no son expedientes, sino ciudadanos. Los bancos tienen que jugar un rol protagónico mediante la creación de productos financieros diseñados específicamente para este segmento. Si conectamos sus remesas con créditos accesibles para emprender en casa, dejamos de enviar brazos y empezamos a crear dueños de negocios. No se trata solo de enviar mano de obra, sino de gestionar un ciclo de capital que inyecte liquidez y modernización tecnológica en nuestras zonas rurales, convirtiendo a cada retornado en un agente de cambio que reduce, desde la raíz, la presión migratoria irregular. La pregunta no es si funciona (ya lo hace) sino si escalamos con audacia. Honduras, que ha padecido la migración como pérdida, hoy la redescubre como ganancia. Es hora de cosechar oportunidades, no solo en España, sino en el retorno que construye patria. Un sistema regional de migración circular, bien armado entre países centroamericanos, permitiría que los hondureños se muevan no como víctimas, sino como protagonistas de una movilidad planificada; y que el Estado los vea no como expedientes de deportación, sino como ciudadanos que regresan para levantar lo propio.

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