Por Otto Martín Wolf

La poca credibilidad que le quedaba al Ministerio Público se vio profundamente afectada con su denuncia de intento de magnicidio y golpe de estado. Quién puede creer en un complot de las dimensiones alegadas por el Fiscal pueda ser llevado a cabo por esos tres “sospechosos” que se enfrentan a un juicio simplemente por tener lo que se puede calificar como conversaciones de cafetería o garage y expresar sus deseos que, afortunadamente, no pasan de ser eso.
Esos tres infelices iban a tumbar el gobierno y tomar el poder, hay alguien aparte del fiscal que lo pueda creer? En ningún momento estaré de acuerdo con nada que pueda atentar la vida de un ser humano, ya sea magni, medio o minicidio. Tampoco apoyaré jamás un golpe de estado o el rompimiento del orden constitucional, esté quién pueda estar detrás de esas supuestas ideas.
Dicho lo anterior, realmente me parece que muy pocos pueden creer en la enorme trama denunciada por el MP y, después de eso, aún menos le puedan dar credibilidad a esa institución en el futuro.
Uno se pregunta, el MP en su afán de preservar la democracia, inició alguna investigación sobre el retraso programado -quién sabe por quién- en la entrega de las urnas en las elecciones primarias del 9 de Marzo? Esos buses conteniendo las urnas, estacionados en el limbo de la noche oscura obedecieron las órdenes de quién? El ejército, encargado constitucionalmente de proteger el material electoral, tuvo algo que ver?
Se ha investigado lo que en realidad sí se puede catalogar como una intentona, a menos que finalmente se llegue a una explicación racional y creíble.
Dónde está el celo del fiscal general cuando se trata de posibles complots de otra parte ideológica o política? De nuevo, el fiscal y la oficina que dirige han seguido algún tipo de acción referente al Señor conocido como Carlón y su mundialmente divulgado narco video?
En él se mencionan importantes cantidades de dinero y su destinatario (la mitad va para el comandante), dignas de una profunda acción por parte del MP, en qué ha quedado eso? En cualquier tribunal del mundo un documento como ese sería una prueba irrefutable de una conspiración narcopolítica de primer nivel para afectar el proceso electoral.
La inmediata renuncia del protagonista a su alto cargo en el Congreso Nacional no es -exactamente- una confesión de parte que exime de la carga de la prueba? ¿Ha quedado en el olvido? El pueblo hondureño, alarmado constantemente con teorías de conspiración, la mayoría sin alguna base creíble, tiene derecho a saber qué sucedió con los implicados en el narco video.
No sólo los que estaban presentes en la narco reunión, sino todas las personas mencionadas, incluyendo al comandante. La denuncia de intento de magnicidio y posible golpe de estado presentada por el MP carece de toda credibilidad, tanto por lo débil de la prueba como por la propia personalidad de los “complotistas”, especialmente si preguntas como las anteriores son respondidas con silencio y, sobre todo, con la falta de acción.
La función principal del Ministerio Público en Honduras es dirigir la investigación de los delitos y ejercer la acción penal pública en representación de los intereses de la sociedad, asegurando la objetividad y eficacia en la administración de justicia, velando por la defensa de los derechos de los ciudadanos; al menos eso es lo que dice la teoría.
De paso, entre sus funciones no hay por ninguna mención de una “defensa de los intereses políticos de persona, partido político e inclusive, tampoco de los funcionarios de gobierno, desde el puesto más alto hasta el más humilde.
El Ministerio Público no tiene como función cuidarle las espaldas a nadie, excepto a todo el pueblo hondureño, desde luego siempre dentro de las limitaciones de la Ley. Cada vez que el famoso y legendario grito “el lobo, el lobo” es pronunciado casi irresponsablemente por alguien del MP, su credibilidad se va reduciendo más y más, hasta llegar al punto de convertir a la institución en el hazmerreír nacional y blanco de los más creativos y divertidos “memes”, vehículo que la población ahora dispone de ese medio para expresarse.
Por otra parte, la utilización de las instituciones del Estado con fines políticos partidistas y personalistas ha ido logrando, poco a poco, que pierdan su credibilidad, así como sus directores.
La única excepción, hasta el momento, son el benemérito Cuerpo de Bomberos y la Cruz Roja Hondureña, los demás, lamentablemente, han sido desprestigiados casi en su totalidad. El nuevo gobierno deberá tratar de recuperar esa credibilidad en todas ellas, que son la base de la democracia y los fundamentos más importantes del Estado y la nación.



