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martes, agosto 18, 2026

Vivir es un lujo, morir también

Por Herbert Rivera

No se necesita ser matemático ni estudioso de la economía para darse cuenta que las cosas cuestan más y el dinero vale menos. Basta ir al supermercado en donde una factura da cuenta de miles de lempiras erogados en pocos abastos, y también lo gastado confirma lo oneroso de las provisiones de tiendas o pulperías en las que se paga con lempiras desplumados, y con suerte devuelven monedas, aunque a veces no retornan nada.

Todo está más caro. Por vivir se paga más y por morir también. Una camisa nueva resulta ostentosa y hasta suntuaria, un ataúd igual. Para una persona sana vivir se hace difícil, para una enferma morir se facilita más, y así, la vida se vuelve un lujo y la muerte también.

Cotidianamente, plantones, huelgas, tomas de edificios y carreteras, además de asambleas informativas de cualquier gremio en el sector público, todas en reclamo de salarios atrasados, ajustes salariales o incrementos, testimonian que además de la carestía de las cosas y su alto precio, las personas están asfixiadas por la carencia de un trabajo y por la falta de dinero para suplir sus necesidades básicas.

Se trata de un drama inflacionario que tiene como protagonista principal a la gente que menos tiene y en consecuencia no puede poseer más, lo cual refleja que además de otros conflictos internos, en el país hay una crisis económica como denominador común que, en otros lares ha sido detonante o mecha incendiaria para estallidos sociales.

Y es que no se puede atizar el fuego pues las flamas pueden quemar, o dicho de otra manera: “un estómago vacío es un mal consejero” habida cuenta que el efecto político más importante de la inflación es que aumenta la inconformidad social no solo de los pobres sino también de la clase media.

Ese escenario se ha visto en otros países en donde estallaron protestas iniciadas por el aumento en el precio de los combustibles, incrementado aquí cada semana como consecuencia, entre otras causas, las guerras en las cuales, allá se disparan misiles mientras aquí se vuelan los precios elevando más el costo de la vida y de la muerte.

La ola inflacionaria resulta una olla de presión en ebullición ante un sistema institucional débil y fragmentado, además de un gobierno con poca capacidad de respuesta a los problemas de la gente, cuyo descontento, al igual que los precios, sigue al alza.

Así, mientras la inflación sigue elevada y las protestas y reclamos también, con la consecuente inestabilidad política, aunque es temprano, se empieza a dudar de la capacidad gerencial de los inquilinos de Casa Presidencial ante la dificultad de resolver pronto ese conflicto económico y social.

La economía sigue cayendo, y mientras unos sobreviven otros siguen muriendo, la desigualdad y la pobreza es mayor, y la paciencia y la esperanza son menos, y el descontento se incrementa más.

El margen de maniobra es poco, y así, ante la magnitud del problema el esfuerzo realizado parece o resulta poco e inútil ante el elevado costo de la vida, y, en consecuencia, junto con el aumento de la molestia en la población por la elevada inflación.

La situación es incierta y crece por reformas legislativas a la generación eléctrica, el desmesurado endeudamiento de la Enee, y otros factores más que enturbian el clima de negocios y afecta la inversión y en consecuencia la recuperación económica.

Ante las dificultades y enormes retos que plantea la crítica situación, más allá de la demagogia y el populismo, algo tendrá que hacer el gobierno para paliar pronto el problema y solventarlo después.

Como motivación, quizás estimule recordar a Napoleón Bonaparte que decía: “un ejército marcha sobre su estómago” para destacar la importancia de un líder para proveer bienestar a los suyos; teniendo eso en mente habrá que parir ideas y proyectos que generen empleo y con eso satisfacer las expectativas de la gente por una vida mejor que antes le ofrecieron y no fue, pero que ahora puede ser siempre que no se birlen el erario ni tampoco se burlen otra vez de un pueblo cansado y hambriento.

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