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martes, agosto 18, 2026

Replantearse la vida laboral (Parte I)

Por Mirna Isabel Rivera

Los ultrarricos influyen en la definición del futuro del planeta. Algunos ofrecen argumentos disruptivos y buscan crear un mundo hasta cierto punto más humano. No es que sea malo o bueno lo que están proponiendo, pero ¿qué tan realistas son?

Trabajar tres días a la semana, alargando las jornadas laborales de 11 a 12 horas, con el mismo salario y jubilándose a los 75 años. Esta es la propuesta del magnate mexicano Carlos Slim.

En algunas industrias como la manufacturera, la minería y el petróleo, entre otras, ya existe algo similar. Las personas trabajan jornadas 4×4 con un sistema de turnos en el que una persona trabaja cuatro días seguidos y descansa la misma cantidad de días con turnos de 12 horas.

En la práctica es posible; se ha venido haciendo desde hace varias décadas. ¿Qué ventajas tiene trabajar menos días a la semana?

Según el World Economic Forum (WEF), se llevó a cabo un estudio en el Reino Unido; participaron 73 empresas y 3300 empleados. Se concluyó que trabajar cuatro días a la semana y ganar por cinco trajo beneficios tanto a las empresas como a los trabajadores.

En el aspecto económico se identificó aumento o mantenimiento de la productividad. Algunas empresas incrementaron sus ingresos; se redujeron costos asociados al ausentismo y la rotación.

En salud laboral, hubo menos estrés, agotamiento y fatiga.  En el aspecto familiar, representó un mayor equilibrio entre trabajo y vida personal. En relación con el impacto ambiental, se redujo el desplazamiento al trabajo, con menor uso del automóvil y potencial disminución de emisiones de carbono.

Jornadas laborales más extensas para trabajar tres días a la semana sin disminuir el salario; hasta aquí me parece factible, según la evidencia que hemos visto, pero jubilarse a los 75 años, ese es el desafío significativo.

Slim argumenta que su propuesta aumenta la productividad e incrementa la longevidad. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que prolongar uniformemente la edad de jubilación hasta los 75 años ignora las enormes desigualdades de longevidad que existen entre países, clases sociales, ocupaciones y sexos.

Me encantan las ideas disruptivas; creo que la propuesta es bastante inclusiva, pero para alcanzarla falta invertir más en las personas. No solo se trata de elevar la edad de jubilación por decreto.

Para hacer viable esta propuesta es importante: reducir la intensidad de las jornadas laborales, invertir en mejorar la salud ocupacional, permitir retiros flexibles según el tipo de trabajo, combatir la discriminación a los adultos mayores y favorecer las capacitaciones continuas para que el empleado esté actualizado.

Actualmente, llegar a los 75 años productivos y saludables no es la regla. Ese es el principal reto donde el promedio de vida oscila en los 70 años. La discusión quizás no sea cuánto vivimos, sino en qué condiciones podemos llegar hasta que alcancemos la jubilación.

Aunque parezca cruel y desalentador, alcanzar una pensión digna y que permita disfrutar los últimos años de la vida es un privilegio de pocos. ¿Pero qué les parece una renta universal? Esa es una propuesta de Musk y otros ultrarricos, ante el desplazamiento de empleos por la inteligencia artificial, en la siguiente columna reflexionaremos sobre esto.  (MIR)

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