Por Otto Martín Wolf

Frecuentemente recibo notas pidiendo mi opinión sobre la actual Constitución y la supuesta necesidad de cambiarla por una totalmente nueva o, en su defecto (que más bien sería virtud) hacer algunos cambios que, quizá, son necesarios. No soy muy versado en Derecho Constitucional, pero creo que la actual está bastante bien. Ha soportado varios intentos y ahí está, todavía persiste, aunque haya sido violada algunas veces (siguiendo criterios como los del expresidente Azcona quien dijo que había que violarla cuantas veces fuera necesario, terrible).
Juan Orlando Hernández logró quedarse en el poder debido a una interpretación que, básicamente decía que la Constitución era inconstitucional ya que no se podía aplicar en determinadas circunstancias; cuáles eran, no lo sé, excepto el deseo de permanecer en el poder, vieja e incurable enfermedad con la que es contagiada la mayoría de los que alguna vez lo alcanzan. El asesor presidencial intentó introducir en 2009, la recordada “Cuarta Urna”, que era una consulta sobre si se debía llamar a una constituyente.
Ese tipo de consultas están prohibidas en el proceso electoral, son ilegales, inconstitucionales y causa suficiente para que cese en su cargo quien lo proponga. En aquel momento la Corte Suprema de Justicia emitió una orden de arresto en su contra y el ejército lo expulsó del país. Creo -en mi ignorancia- que fue un error, me parece que debió haber sido llevado a los tribunales de justicia por su intentona.
Siempre he dicho que no hubo golpe de estado, fue una sustitución constitucional ya que, inclusive, su mismo partido quedó en el poder cuando asumió la presidencia, el Presidente del Congreso como lo establece la ley, a la sazón Roberto MIcheletti quien a su vez efectuó un traspaso totalmente legal al nuevo presidente Porfirio Lobo. ¿Qué cambiaría yo, entonces, de la actual Constitución? Reitero mi ignorancia, pero quizá algunas ideas sueltas podrían ayudar a mejorar el país evitando sobresaltos y abuso del poder.
Creo que la Presidencia del Congreso debería ser únicamente por un año, con una posibilidad de reelección únicamente por otro año y punto. Así se evitaría la formación de un centro de poder, con mucho capital, con mucho dinero, lo que algunas veces contribuye a boicotear o hacer más difícil la operación del Ejecutivo.
Todo el que llega a la Presidencia del Congreso inmediatamente pone sus ojos en la Presidencia de la República, lo que distorsiona su gestión, el uso honrado y bien dirigido del enorme presupuesto, así como también contribuye a complicar el desempeño del ejecutivo, como he dicho. Además de eso, que es de gran importancia, hace tiempo vengo pensando en un par de cosas que se podrían agregar a la actual Constitución las que, si bien es cierto que suenan algo (o bastante) populistas, estoy seguro ayudarían a mejorar los servicios públicos en beneficio, precisamente del público.
1. Todos los funcionarios públicos, incluyendo su familia más cercana, desde el más alto cargo hasta el más humilde, deberían utilizar los servicios médicos del Estado, nada de clínicas privadas. ¿Son ciudadanos como cualquier otro? Bien, que sean atendidos también como cualquier otro ciudadano.
2. Igualmente los estudios, Todos los funcionarios públicos y su familia más cercana deberían utilizar el sistema educativo nacional, nada de colegios ni universidades privadas. Si estamos tratando de forjar un nuevo país, hagámoslo formando nuevos ciudadanos, con las mismas oportunidades para estudiar.
La educación pública no debería ser inferior a la de las instituciones privadas, creo que más bien debería ser mejor, mucho mejor, ya que es ahí donde estudia y se prepara para el futuro la mayoría del pueblo hondureño. Probemos unos cuantos años para ver cuál es el resultado en la educación pública, quizá mejore bastante. Suena sensata verdad (si, también populista, pero ni modo).
De paso, sería bueno establecer una asignatura cívica donde, entre otras cosas, se estudie la Constitución. Eso, sin duda, ayudaría a las nuevas generaciones a comprender la importancia de preservarla y evitaría su utilización con fines políticos. Soy del criterio que la salud pública, así como la educación, mejorarían mucho, en beneficio del pueblo hondureño.
¿Algo adicional en esta onda populista? La vigilancia de residencias privadas de los funcionarios del gobierno, deberían limitarse a los más altos cargos. De ministros para abajo, todos deberían pagar su propia vigilancia, costearse sus propias rejas, muros y alarmas y, de paso, utilizar sus propios autos y pagar de su bolsillo un chofer si desean o necesitan tenerlo, los generosos sueldos que reciben perfectamente podrían financiar estos costos. ¿Qué sería peligroso para las altas tramoyas? Bueno, entonces también a mejorar la seguridad pública, pero DE TODOS, no sólo del escaso número de privilegiados enquistados en el presupuesto de la República.
Finalmente, algo relacionado con la Ley Electoral, de gran importancia debido a la reciente experiencia: Todos los asesores políticos y de comunicaciones deberán registrarse en la SAR, especialmente los extranjeros. Nacionalidad, salario, bonos, posición, etc. ¿La más urgente? Desde luego que el período de la Presidencia del Congreso, ahí generalmente es la cuna de todos los males. Seguiremos elucubrando.



