Por Ernesto Alvarado Reina

Es conmovedor, impresionante y patético que, en la mayoría de los países del mundo, se presenta un ambiente que es consecuencia de los fenómenos que afectan la salud, alimentación, instrucción y demás condiciones de normal subsistencia para todos los pobladores.
Dado el horizonte que se descubre o manifiesta, es indispensable tomar medidas o paliativos que favorezcan o ayuden a mejorar sustancialmente, con la finalidad de contrarrestar los efectos nocivos que a su vez generan una serie de consecuencias de acción impura y alterada de los alimentos, agua, aire y otras cualidades o formas directas de perjudicar de manera lenta pero segura. Las distintas formas de atinada conversación y ofrecimientos de reciprocas ayudas tomadas en base a estudios y prudentes hábitos como valiosa expresión y conciliación son predominantes dentro de los círculos de poder establecido por los diversos países.
Cada día se va perdiendo la calidad del precioso y agradable clima que disfrutamos y hemos experimentado, ostentando y exhibiendo un medio desalentador, que merece mayor presencia e intervención oportuna de las Autoridades Gubernamentales con la finalidad de mejorar. La multitud o aglomeración de personas, sin ningún orden o situación emergente, unida y confluyente a las constantes quemas, la tala inmisericorde de los bosques, la carencia de áreas verdes y parques o centros de recreación, la falta de autoridad o responsabilidad ciudadana, así como un gran cantidad de causas, factores y circunstancias, configuran una médula o foco de población que debe ser mejorado, mediante la implementación de técnicas modernas, que aumenten la vegetación, y por consiguiente, aminoren la contaminación que existe infaliblemente.
Nuestros Recursos Naturales tienen que ser protegidos sin restricciones. La flora, la Fauna y la Vida Silvestre, hay que controlarlos, vigilarlos, preservarlos, y por ende, desarrollar un Programa y Proyectos con objetivos esenciales. Las Zonas de Vocación Forestal, son objeto de una regulación especial y prioritaria, por parte del Estado Hondureño. Los terrenos que están destinados a fines de experimentación forestal no pueden ser afectados por ser bienes de utilidad pública y de prioritaria conservación. Si los terrenos o predios boscosos se destruyen por la mano del ser humano para utilizarlos como fuente de vitalidad o energía, o bien, por sucias actividades políticas encaminadas a favorecer a una cantidad pequeña de madereros o industriales no estamos encaminando a situación crítica en donde las especies animales van a desaparecer por completo, con proporciones que es difícil señalar o reivindicar. En nuestro querido país se tiene que combatir la corrupción, el nepotismo, el deterioro institucional, la criminalidad organizada y sus impertinentes como fastidiosas ramificaciones.
La enorme cantidad de árboles que se descombran por hectárea, con el objetivo de dedicarlos a las actividades agrícolas, es una muestra que sirve como indicativo de la falta de vigilancia efectiva o control eficiente, por consiguiente, de la mala distribución de las tierras. Por otro lado, algunas pequeñas corporaciones de industriosos y mínimos emprendedores deben de ser suprimidos, porque dedican la leña como parte integrante de su actividad sin beneficio para nadie. Hay la indispensable necesidad de instruirlos con el uso de instrumentos técnicos, no siendo necesario utilizar árboles para realizar sus labores de uso energético.
La protección d la salud con apropiados medicamentos es un derecho inalienable de toda la ciudadanía, se tiene que lograr alcanzar una genuina o legitima diligencia en tal sentido.
Toda la población tiene que contribuir a consolidar una política de actividad que impida o evite la contaminación del ambiente.



