19.2 C
Honduras
jueves, septiembre 10, 2026

Las mismas mañas

Por Rodrigo Amador

En este país existe una fe casi religiosa, y profundamente ignorante, de que las crisis estructurales desaparecen con solo encargar un nuevo manual de marca. Nos hemos acostumbrado a soportar este teatro gubernamental a cada rato: a una dependencia le estalla un escándalo en la cara o demuestra su total inoperancia, y la “brillante” solución de nuestras autoridades es mandarle a bordar siglas nuevas a los chalecos. Ya lo vimos hace muy poco con la DIPAMPCO: se rotularon patrullas, se diseñaron nuevos parches policiales y se montaron pomposas conferencias de prensa. Sin embargo, en las calles, la incapacidad operativa, la extorsión y la falta de respuesta siguen asfixiando al ciudadano bajo el mismo esquema de siempre. Hoy, esa misma receta de cosmética barata se la están aplicando al paciente más desahuciado del país: la Empresa Nacional de Energía Eléctrica.

Desde los estrados oficiales nos quieren vender como un hito histórico que la estatal eléctrica ahora se dividirá en tres subempresas. Los discursos de corbata juran y perjuran que esta fragmentación administrativa es la llave mágica que por fin abrirá las puertas de la eficiencia energética. Pero a usted, ciudadano de a pie, que suda la gota gorda cada noche que le cortan la luz, que bota comida descompuesta y que debe exprimir su presupuesto para pagar un recibo cada mes más asfixiante, no le pueden venir con cuentos. Usted sabe muy bien que de nada sirve que la empresa tenga tres membretes distintos cuando a la hora de la verdad sigue cruzando los dedos para que los violentos bajones no le quemen el televisor o la refrigeradora.

Para no dejarnos timar, basta con hacer un ejercicio mínimo de memoria. ¿Acaso ya se nos borró de la mente el estrepitoso fracaso de la Empresa Energía Honduras (EEH)? En aquel momento nos empacaron exactamente la misma mentira, pero en diferente papel de regalo. Los genios de turno nos juraron que delegar, fragmentar y separar la distribución y cobranza nos sacaría del abismo técnico. Nos hablaron de reducción de pérdidas, de tecnología de punta y de modernización total. ¿Cuál fue el trágico desenlace? Un servicio que siguió rozando la calamidad, pérdidas que continuaron desangrando sin piedad las finanzas públicas, demandas millonarias y un Estado que terminó recogiendo los pedazos de un experimento fallido para regresar a administrar las mismas redes obsoletas.

Descuartizar la ENEE en tres partes no requiere de ningún talento gerencial. Lejos de ser una maniobra maestra de rescate, es sencillamente el pretexto ideal para multiplicar la burocracia. Donde antes había una gerencia inoperante, ahora habrá tres; donde había una sola planilla inflada de activistas, ahora se requerirán tres departamentos distintos para acomodar a la clientela política que exige su pago de favores. Es la multiplicación de los panes, pero diseñada exclusivamente para repartir viáticos y contratos amañados. Si usted toma una fruta que ya está engusanada desde su centro y la rebana en tres partes perfectas, no obtiene un postre gourmet; lo único que consigue son tres pedazos de basura orgánica.

Mientras no exista la voluntad política para aplicar una cirugía mayor, seguiremos tropezando en la oscuridad. Cualquiera que haya liderado equipos de aseguramiento de calidad (QA) sabe perfectamente cómo se manejan estas crisis: cuando un sistema o un producto base está repleto de fallas de origen, el desastre no se estabiliza metiendo a más personas a supervisar el caos, ni dividiendo los departamentos. Los defectos críticos se corrigen auditando la raíz, reescribiendo lo que no sirve y depurando los procesos. Multiplicar la estructura de un sistema colapsado solo garantiza que los errores se reproduzcan más rápido y sean mucho más caros de mantener.

Mientras sigan huyendo del verdadero problema —que es el clientelismo descarado, la incapacidad técnica y la firma de contratos leoninos que nos tienen de rodillas—, las cosas seguirán exactamente igual. Ya superamos el punto en el que toleramos que subestimen nuestra inteligencia. Los hondureños estamos hartos de las mesas de diálogo, de las reestructuraciones de papel y de los lavados de cara que solo sirven para encubrir a los ineptos de siempre. Exigimos que detengan este circo y arreglen el sistema de verdad. Y si les queda grande el puesto, si la incapacidad es su única norma, tengan un mínimo de decencia: bajen los breakers, apaguen la luz y váyanse para su casa.

- Publicidad -spot_img

Más en Opinión: