Por Mirna Isabel Rivera

Las hambrunas forman parte de la historia de la humanidad. Hay registros bíblicos que señalan episodios donde la escasez y la extrema pobreza azotaban a los pueblos antiguos.
Los siete años de las vacas flacas que profetizó José, al interpretar el sueño del faraón de Egipto. La hambruna en tiempos de Rut, que motivó la migración de Noemí y su familia a Moab, por citar algunos pasajes.
Lastimosamente, las hambrunas no son cosas del pasado; hay condiciones para que estas se repitan y tomen las vidas de millones de personas a nivel mundial. Las principales causas que la provocan son sequías prolongadas, inundaciones, pérdidas de cosechas, guerras y crisis económicas.
Otros aspectos, como la pobreza, la desigualdad social y las políticas de Estado. La mayoría de los grupos étnicos han atravesado situaciones de escasez de alimentos, que los han llevado al borde de la crisis social.
Los europeos las han vivido. La gran hambruna de Europa Occidental, ocurrida entre 1314 y 1317. La gran hambruna de Francia, entre 1693-1694, y una de las más recientes, la gran hambruna irlandesa, entre 1845-1849.
En el caso particular de los irlandeses, se vieron afectados por la pérdida de cosechas de papa o patata, originaria del Perú. Millones se vieron forzados a dejar su país y emigrar a los Estados Unidos principalmente. Huyeron del hambre y la pobreza extrema.
Otra gran hambruna fue la china a mediados del siglo pasado. Entre 1959 y 1961, esta es considerada la peor hambruna de la historia humana; las causas fueron una mala combinación de condiciones climáticas y mala planificación económica. El “Gran Salto Adelante”, de Mao Zedong, provocó decenas de millones de muertes.
Una hambruna no solo ocurre por la escasez de alimentos, sino por la falta de recursos económicos para acceder a ellos. Migrar se vuelve la única opción para preservar la vida.
En la actualidad, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) establece tres criterios para determinar si estamos ante una circunstancia de este tipo: Carencia extrema de alimentos para un alto número de personas, tasas de desnutrición que alcancen el 30% y una tasa bruta de mortalidad que sobrepase las 2 personas por cada 10.000 habitantes al día.
La Real Academia Española (RAE) lo define en términos más simples: “Hambre o escasez generalizada de alimentos, especialmente la de grandes proporciones.”
Hemos conocido las grandes hambrunas mundiales; actualmente no hay ningún país de la región centroamericana que esté experimentando lo que padecieron Irlanda, China o Francia en el pasado.
Es necesario tomar acciones urgentes, porque hay condiciones para un desastre humanitario. Ahora, le llaman inseguridad alimentaria. Se proyecta que en Honduras, alrededor de casi dos millones de personas podrían estar viviendo crisis alimentaria y casi 100,000 podrían estar en situación de emergencia.
Los expertos afirman contundentemente que en Honduras no hay hambruna, pero mucho cuidado, estamos abriendo una puerta que luego será difícil de cerrar, si no se priorizan proyectos para mitigar o controlar las principales causas que lo provocan.
Así como, en tiempos bíblicos, Egipto se preparó para los años de las vacas flacas almacenando alimentos en sus graneros, los gobernantes de nuestro país deben actuar con previsión para evitar una crisis de grandes proporciones. Dejarlo para después será muy tarde (MIR).



