Por Enrique Zaldivar

Dime con quién andas y te diré quién eres, dice el dicho popular. Y mucho hemos visto a través de la web, sobre este concepto que es muy cierto: Nos convertimos en las 5 personas que más frecuento.
Siempre que hablo de este tema con alguien comienza a hacer memoria y empieza a pensar en esa gente cercana que voluntaria o involuntariamente siempre está alrededor de uno. Comenzamos a recordar los dichos, mañanas, gustos y hasta hábitos que por andar frecuentando con esas personas, vamos adquiriendo.
Esto es una realidad. Por más que le busque lado, efectivamente nos terminamos dejando influenciar, y esa es la palabra correcta para ello, por esas personas que muchas veces vemos en nuestro día a día. El asunto es que tanto somos conscientes de ello, ¡Y que tanto nos agrada en lo que nos estamos convirtiendo!
Muchas veces me toca hacer “Pausas” intencionadas, cuando me doy cuenta que, de manera involuntaria, me he estado rodeando de gente quejosa y negativa y sin desearlo, me he vuelto un amargado más que anda quejándose de todo en la vida.
La importancia de entender esto, es que debe ser intencionado y debemos tener ojo, de quienes son esas cinco personas. Muchas veces, tendremos de evitarlas pues su influencia no es sana, no aporta nada a lo que buscamos. Pero más importante es, que no nos estamos acercando intencionadamente a la gente que, si puede hacernos cambiar de manera positiva, en un área que deseo lograr.
Cortar gente” es algo que no nos cuesta mucho que digamos. Pueda que hasta lo disfrutemos, un término muy usado hoy día es el “Ghosting” que viene de algo tan simple como “No pararle bola a alguien” o como decimos en catracho “Hacerse el de a peso” hasta que reclame o se enoje. ¿Pero qué hay de sumar la gente que si nos puede cambiar para bien? Eso sí cuesta más. Porque realmente, la mentoría cuesta. Todos deberíamos tener mentores de todo, hasta que sepamos manejar aquello que queremos lograr, pero hace mucho tiempo aprendí lo que es un mentor, y cuidarlos, motivarlos a que deseen compartir sus conocimientos con uno, no es fácil.
Para empezar, aprendí que no solo uno escoge al mentor. El mentor lo selecciona a uno también. Por lo general son gente con muchas cosas en su qué hacer y no perderán el tiempo con alguien que no se esfuerce por aprender. El mentor, tampoco es un “Porrista” como usualmente creemos. No está para celebrarnos, está para decirnos que ajustes debemos hacer para lograr lo que queremos. Puesto que él ya recorrió ese camino.
Aprendí que el mentor, no me va a buscar. ¡Soy yo el interesado en que me enseñe! Y muchas veces ellos desean ver, que tanto interés tiene uno en ello. Y por último creo que le agregaría que hay que respetar y honrar el tiempo del mentor. Si se reúne con él, ¡Lleve las preguntas o los temas listos! Y muestre entusiasmo en el momento que le enseñe. ¡Haga agradable, el momento que comparten! Así sea hablando de puntos duros y difíciles.
Créame que no hay mayor recompensa para un mentor, que ver su aprendiz teniendo éxito… y el logro máximo, es que supere a su propio mentor. De igual manera aprendamos a definir que es un mentor: Es alguien que logró ya, algo que quiero lograr.
Un mentor puede ser alguien que sepa cocinar. Puede ser alguien que sepa ejercitarse. O bien, que sea exitoso en sus negocios. ¿Quiénes dejará que sean esas 5 personas en su vida?



