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Honduras
jueves, julio 30, 2026

Temporada de huracanes

Por Mirna Isabel Rivera

 

Invertir en ciudades resilientes es una de las decisiones más responsables que una alcaldía puede tomar. Significa preparar la comunidad para resistir los embates de la naturaleza, como huracanes y tormentas tropicales. Implica priorizar las vidas de las personas y evitar la ruina económica de sus habitantes.

El Valle de Sula es un área próspera, pero frecuentemente se ve golpeada por fenómenos naturales. En el año 2020 junto con el Covid-19, hubo dos huracanes que golpearon fuertemente la zona norte, difícil de olvidar el impacto de Eta e Iota.

Una tragedia sobre otra: miles de personas evacuadas en medio de una pandemia que aterrorizaba a la población con pérdidas de vidas humanas. Si bien es cierto no es fácil prevenir una pandemia, si es factible determinar que el Valle de Sula históricamente ha sido susceptible a las inundaciones.

En los últimos seis años se ha documentado la tormenta tropical Julia (2022), tormenta tropical Pilar (2023) y la tormenta tropical Sara (2024) que han causado daños severos a la agricultura, la infraestructura productiva y las viviendas.

La temporada inició en junio y finalizará en noviembre. Ya se contempla una lista oficial de nombres para 21 ciclones tropicales que pueden formarse. Algunos de los nombres asignados para este año son: Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo, Hanna, Isaías, Josephine, Kyle, Leah, Marco, Nana, Omar, Paulette, René, Sally, Teddy, Vicky y Wilfred.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés Food and Agriculture Organization) propone para Honduras un Plan de Emergencia y Resiliencia 2026-2028.

Estas acciones están dirigidas principalmente a proteger la agricultura, la ganadería, la pesca y los sistemas agroalimentarios frente a sequías, inundaciones, tormentas tropicales, plagas y otras amenazas que afectan la seguridad alimentaria.

Estas medidas están muy bien para apoyar las zonas rurales que están abandonadas prácticamente por los gobiernos locales y el gobierno central.  Las alcaldías del Valle de Sula tienen más recursos y pueden prepararse fortaleciendo la infraestructura, dándole mantenimiento a los bordos, reubicando las familias que viven en zonas de alto riesgo.

En ciudades como San Pedro Sula, la falta de mantenimiento de los drenajes y el crecimiento urbano sin planificación provocan que con una tormenta las calles y avenidas se inunden. Esto afecta la movilidad y la seguridad de las personas.

No solo son los fenómenos naturales sino la insuficiente capacidad administrativa y operativa. Es necesario priorizar la infraestructura pluvial, el mantenimiento preventivo en el largo plazo resulta menos costoso que reconstruir los daños provocados por las lluvias.

Qué decir de los puentes que han colapsado, estos deben ser reconstruidos y mantener bajo vigilancia preventiva los que están funcionando.  Es imperante que la alcaldía sampedrana termine las obras que han empezado, no dejar los proyectos abandonados o inconclusos. La temporada de huracanes ya está aquí y no hay tiempo que perder. (MIR)

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