Por Irazema Ramos (Sicóloga)

Samuel era uno de los mejores colaboradores de la empresa, llegaba puntual, cumplía sus metas y era de esas personas en tenía excelentes resultados. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a cometer errores, llegaba distraído a las reuniones, de mal humor, evitaba participar y su entusiasmo parecía haberse desvanecido. Algunos concluyeron rápidamente que había perdido el compromiso, otros pensaron que ya no tenía interés en su trabajo. Pocos se preguntaron qué estaba ocurriendo en su vida. Tal vez no había perdido el talento, tal vez simplemente se había agotado.
En consulta he acompañado a personas que llegan profundamente colapsadas por su trabajo, también he visto empresas perder excelentes colaboradores sin comprender que el problema no era la falta de capacidad, sino un desgaste que nadie detectó a tiempo. También, formo parte como consultor, de varias empresas que procuran el bienestar psicológico de sus colaboradores. Durante muchos años se creyó que la salud mental pertenecía exclusivamente al colaborador, si estaba ansioso, agotado o atravesaba una crisis personal, se asumía que era un asunto privado que debía resolver fuera del horario laboral y escuchamos muchas veces la frase “Los problemas de la casa se quedan en la casa”.
Hoy sabemos que esa visión ha quedado atrás. Las organizaciones están formadas por personas, y las personas no dejan sus emociones en la puerta de la empresa cuando inician su jornada. Llegan con preocupaciones familiares, problemas económicos, enfermedades, pérdidas, incertidumbre, vacíos existenciales y, en muchos casos, con un nivel de estrés que pasa desapercibido hasta que comienza a reflejarse en el desempeño. La consecuencia rara vez aparece de un día para otro. Primero disminuye la concentración, luego aumentan los errores. Después aparecen los conflictos entre compañeros, el ausentismo, llegadas tarde, la rotación del personal, incapacidades y una sensación general de agotamiento que termina afectando la productividad de todo el equipo de trabajo.
Con frecuencia se piensa que estos problemas se solucionan contratando personal nuevo o aumentando el monitoreo y supervisión. Sin embargo, muchas veces el verdadero problema no está en la capacidad técnica de los colaboradores, sino en el estado psicológico con el que enfrentan su trabajo. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que los trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión representan una de las principales causas de pérdida de productividad en el mundo. Pero incluso antes de llegar a un diagnóstico clínico, existen señales que las empresas pueden aprender a reconocer: equipos desmotivados, líderes emocionalmente agotados, conflictos recurrentes, dificultad para adaptarse al cambio y una comunicación cada vez más deteriorada.
La buena noticia es que la salud mental también puede gestionarse. No significa convertir la empresa en un centro terapéutico, ni ofrecer únicamente una charla motivacional de vez en cuando. Significa construir una cultura organizacional donde el bienestar psicológico sea considerado un recurso estratégico, al mismo nivel que la capacitación, la innovación o la seguridad ocupacional.
Cuando una organización invierte en desarrollar habilidades de liderazgo, fortalecer la comunicación, prevenir el agotamiento laboral y brindar acompañamiento psicológico oportuno, no solo mejora el clima organizacional. También disminuyen los errores, aumenta el compromiso, se fortalece la permanencia del talento y se incrementa la productividad.
La psicología industrial moderna ya no se limita a procesos de selección o evaluaciones de desempeño. Hoy participa en el análisis de riesgos psicosociales, programas de bienestar, desarrollo de líderes, manejo del estrés, prevención del síndrome de desgaste profesional y fortalecimiento de equipos de alto rendimiento. En otras palabras, busca crear organizaciones saludables para que las personas puedan desarrollar su máximo potencial. En un mercado donde la tecnología puede comprarse y los procesos pueden copiarse, el verdadero diferenciador continúa siendo el talento humano. Cuidar la salud mental de quienes hacen posible una organización no es un gasto adicional; es una inversión que protege el activo más importante de cualquier empresa. Porque al final, una organización saludable no solo produce mejores resultados, también construye mejores personas y cuando las personas crecen, las empresas también lo hacen.
Después de todo, el talento no siempre se pierde; a veces se agota y debemos estar listos y saber qué hacer para cuando eso suceda, así que; si hoy tienes la oportunidad de construir una cultura que cuide la salud mental de las personas, no la desaproveches, hazlo a tiempo, después de todo ese talento también puedes ser tú.



