Por Emy James

Hace algunos años, los padres de niños pequeños nos encontramos con la novedad de una película para niños totalmente diferente a otras películas para niños que habíamos visto.
Pero ya desde un poco antes, tanto Disney como otras grandes productoras cinematográficas estaban proponiendo producciones infantiles dirigidas también a adultos, a los padres de estos niños. Y sin embargo hoy en día conocemos adultos que se van al cine a ver estas maravillas animadas solos, sin niños, algunos ni siquiera son papás, cosa que nos les impide disfrutar estas historias pensadas como digo, para niños, pero también para los más grandecitos. Esto me recuerda un poco a los Cuentos para Pensar de Jorge Bucay quien asegura que “los cuentos son para dormir a los niños y para despertar a los adultos”.
Pero volviendo a los dibujos animados creados para la pantalla grande, quién no se ha deleitado viendo toodas las versiones de Shrek, por ejemplo. Este ogro medio odiosito asocial que sin querer queriendo como diría nuestro querido Chavo del 8, se vio de repente envuelto en una aventura para la que no se había apuntado. Una aventura que lo sacó de su comodidad y que, sin embargo, le trajo cosas que ni si quiera había imaginado tener, cosas que muy en fondo de su subconsciente, deseaba.
Y qué tal, por poner otro ejemplo, El Cadáver de la Novia. Este súper trabajo del magnífico Tim Burton que en lo personal he visto tantas veces, sin aburrirme un minuto si quiera. La oscura historia de una novia traicionada, una prometida dulce, ingenua, pero a la vez muy práctica e inteligente, suegros increíblemente testarudos y un novio adorable. No sé qué cosa es lo que disfruto más, los impresionantes arreglos musicales, los macabros escenarios, los divertidísimos chistes del “elenco” secundario o la historia tan original, en sí. Probablemente sea todo junto.
El asunto es que cada una de estas historias y tantas más que jamás podrían caber en este espacio, están pensadas no solo para entretener a una audiencia, no solo para emocionarla, no solo para hacerla soñar, no solo para hacerla reír, sino para ponerla a pensar. He ahí lo maravilloso del asunto.
Tal sea por eso por lo que siguen teniendo tanto éxito a pesar de la piratería, a pesar del nuevo público ávido de inmediatez, a pesar de todo.
Y bueno, la novedad con la que nos encontramos los papás de niños de hace algunas pocas décadas se llama Toy Story. Una historia sobre juguetes que tienen vida propia en su propio mundo y que, así como son felices cuando los niños juegan con ellos, sufren cuando son maltratados o abandonados. Preciosas historias.
Este año Toy Story trae una versión de acuerdo con los nuevos tiempos y ha incorporado a su guion la gran novedad de nuestros días; aparatos electrónicos en las manos de niños pequeños. La manera en que nos narra lo que está sucediendo ahora que los niños ya no quieren juguetes es mágica, porque no creo que haya padre que salga de la sala sin reflexionar, aunque sea un poco, acerca de ello. Y he aquí lo maravilloso.
Desde luego que la recomiendo y mucho. Y a todos, los que tengan la oportunidad de verla.



