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miércoles, agosto 19, 2026

¿Quién pagará el IHSS del futuro?

Por Rodolfo Dumas Castillo

abogado Rodolfo Dumas Castillo
abogado Rodolfo Dumas Castillo

Imaginemos a un hondureño que vive en San Pedro Sula y trabaja desde su computadora para una empresa en los Estados Unidos. Recibe su salario del extranjero y probablemente nunca pondrá un pie en las oficinas de esa empresa. Su situación todavía puede parecernos excepcional, pero nos obliga a preguntarnos: ¿Qué pasará cuando deje de ser un caso aislado? ¿quién financiará su seguridad social?

En nuestro sistema una empresa contrata a un trabajador, le paga un salario y ambos cotizan al IHSS. Mientras exista esa relación, la incorporación es obligatoria, no una decisión voluntaria. Pero la forma de trabajar está cambiando, y ya arrastramos un problema de cobertura que la nueva economía agravará. El IHSS tiene menos de un millón de afiliados; tres de cada cuatro trabajadores están fuera del sistema.

Profesionales que trabajan desde Honduras para empresas extranjeras, emprendedores, plataformas digitales y nuevas modalidades de contratación desdibujan la tradicional relación entre patrono y trabajador. La inteligencia artificial y la automatización acelerarán esa transformación. No significa que el empleo tradicional vaya a desaparecer, sino que una parte creciente de la economía podría operar fuera de sus estructuras habituales.

Entonces, mientras intentamos incorporar más trabajadores al sistema actual, ¿está este preparado para el trabajo que viene? La respuesta más sencilla sería ampliar los mecanismos de afiliación voluntaria. Pero allí surge un inconveniente mucho más profundo pues, para que alguien entregue voluntariamente parte de sus ingresos todos los meses, debe considerar que recibe algo valioso a cambio. Y ese es uno de los grandes retos del IHSS.

Un trabajador independiente con capacidad para decidir qué hacer con su dinero puede comparar. Puede preguntarse cuánto debe aportar, cuánto tardará en conseguir una cita, si encontrará los medicamentos que necesita y qué protección recibirá frente a una enfermedad o incapacidad. Si la respuesta no resulta convincente, difícilmente bastará con ofrecerle la posibilidad de afiliarse voluntariamente. La seguridad social del futuro no podrá descansar únicamente sobre la obligación de cotizar. También tendrá que demostrar que vale la pena pertenecer a ella. Para lograrlo, habría que repensar al menos tres cosas.

Primero, la protección social debería acompañar a la persona y no depender exclusivamente de su empleo. Alguien debería poder pasar de asalariado a independiente, emprendedor y nuevamente asalariado sin fragmentar su protección.

 

Segundo, se necesitan mecanismos sencillos de cotización para independientes, con pagos digitales y reglas adaptadas a ingresos variables. Ya existe una referencia útil en Francia de “auto-entrepreneur”, que permite que cotizar como un porcentaje fijo del ingreso mensual (si no factura, no cotiza), sin anticipar montos ni hacer trámites complejos. No se trata de copiarlo, sino de reconocer que otros países ya han adaptado sus sistemas a nuevas formas de trabajo.

Tercero, pertenecer al sistema debe producir beneficios visibles. Un afiliado debería poder conocer cuánto ha aportado, gestionar citas y consultar su historial. Pero ninguna tecnología resolverá el problema fundamental si el servicio sigue siendo deficiente.

Ampliar cobertura sin mejorar atención puede aumentar el número de cotizantes, pero difícilmente construirá confianza. El IHSS tendría que establecer estándares medibles de atención, mejorar el abastecimiento de medicamentos y utilizar proveedores externos cuando su propia capacidad resulte insuficiente.

El objetivo no debería ser convertir al IHSS en un seguro médico privado pues la seguridad social cumple una función distinta ya que distribuye riesgos, protege frente a enfermedad, invalidez y vejez, incluyendo a quienes un sistema puramente comercial podría dejar desprotegidos. Por eso necesita una base amplia de participantes.

Un sistema que ofrece servicios insuficientes genera poca disposición a incorporarse voluntariamente; una base limitada de cotizantes, a su vez, restringe las posibilidades de fortalecerlo. La solución no es simplemente cobrarle a más personas o seguir aumentando los “techos” de cotización. Siempre existirá la tentación de no cotizar cuando el ingreso es informal y difícil de fiscalizar, por lo que el reto es hacer atractivo participar y sencillo cumplir.

Honduras todavía tiene tiempo para plantearse estas preguntas. El empleo formal tradicional seguirá siendo fundamental durante muchos años, pero esperar a que las nuevas formas de trabajo se generalicen para adaptar la seguridad social sería llegar tarde.

Durante décadas hemos construido el sistema alrededor de cómo incorporar a más trabajadores para que coticen, mientras que el reto del mercado laboral que viene será cómo construir una seguridad social a la que las personas quieran pertenecer. Porque el problema no será solamente quién pagará el IHSS del futuro, sino por qué estará dispuesto a hacerlo. No bastará con ofrecer al trabajador una manera de pagar; habrá que ofrecerle una razón para hacerlo.

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