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miércoles, agosto 19, 2026

¿Entre líneas?

COMO presintiendo que algo inusitado iba a pasar, “el bosque anunciaba, en su inquieta belleza, la tormenta que reescribiría el paisaje con su lengua de agua y relámpago”. Winston encuentra al Sisimite atisbando el horizonte con una rara sensación de presagio: –Oíme Sisimite, preguntan del colectivo, ¿qué diablos es lo que va a pasar? –¿Es que no saben leer entre líneas? –Y otro lector escribe que la expresión “Timbucos y Calandracas”, la usaba don Alejando Valladares, director de El Cronista, para referirse a los nacionalistas y liberales. –Pues bien, tampoco es original de don Alejandro, es prestada de Nicaragua, y surge a mediados del siglo XIX como una forma despectiva de nombrar a los dos bandos políticos, enfrentados en la guerra civil de entonces. “Timbucos eran los conservadores, seguidores de Fruto Chamorro. El término proviene de «timba» (panza) y se usaba para llamarlos «cerdos gordos» o «panzones», con la intención de señalarlos como oligarcas ricos y bien alimentados.” “Calandracas eran los liberales, seguidores de José Guerrero. Proviene de «calandrajo» (trapo viejo) y se usaba para llamarlos «perros flacos», «gorgojos» o personas despreciables, queriéndolos retratar como pobres, destructores y hambrientos.”

Entonces, ¿esos apodos fueron el antecedente directo de los nombres actuales de los partidos Conservador y Liberal en Nicaragua? –Así es, pero un editorial de La Tribuna introduce una variante, “Timbucos y Timburracas”, como equivalencia de los jacobinos y los girondinos, los bandos opuestos, acérrimos enemigos durante la Revolución Francesa. Y la ocurrencia es tomada del libro de Herman Allan Padgett, como referencia a bandos en pugna, tomado de su libro “Crónica futura de un pasado presente» (2001). –Y a propósito de Napoleón Bonaparte, en esa lucha fratricida cuando la afilada guillotina operaba cortando cabezas sin piedad, de una y otra facción en disputa, el capitán de artillería, en aquel entonces, únicamente fue un actor secundario que supo aprovechar el caos resultante. Solo fue por su brillante desempeño militar en Tolón, que recibió a la corta edad de 24 años, como premio, el ascenso a general de Brigada. “Al inicio de su carrera, Napoleón simpatizó con los jacobinos y fue brevemente encarcelado tras la caída de Robespierre”. “Mientras jacobinos y girondinos se eliminaban entre sí en luchas internas, Napoleón esperó su momento”. “No participó en el golpe que eliminó a los girondinos (1793) ni en la caída de Robespierre (1794)”. “Se mantuvo al margen de la política partidista para centrarse en su carrera militar”. “Su oportunidad llegó en 1799, mucho después de que ambos bandos hubieran sido diezmados”. “Aprovechando el vacío de poder y la inestabilidad del Directorio, dio el Golpe de Estado del 18 de Brumario, estableciendo un gobierno autoritario que finalmente lo llevaría a coronarse Emperador”.

-En otras palabras –ironiza Winston—nadie sabe para quién trabaja. Y en el momento de las crisis y de los vacíos, cuando los civiles se están matando, van a pumpunear las puertas de los cuarteles, y cuando menos acuerdan, ¡plungún! –En esencia, “Napoleón no fue un líder de ninguna de estas facciones, sino un calculador que observó la autodestrucción de los revolucionarios para hacerse con el poder y poner fin a la Revolución Francesa”. Y acá que les pica la tentación por retroceder sobre lo ya superado, para que el Congreso Nacional –volviendo a establecer la equivalencia del poder militar al civil, una aberración histórica- elija al jefe del Estado Mayor Conjunto. –Ajá, como si el nudo bipartidista les va a durar para siempre. Y cuándo una franja de Timburracas, dejen a los Timbucos y se alíen con la Timburraca ñurda radical –como acaba de suceder en Colombia que el líder ultra conservador se entendió con el izquierdista recalcitrante para poner al presidente del Senado, desafiando al actual presidente conservador– ¿qué jefe militar pueden poner, leal a qué, obediente a quién? –Si que son traviesos. El bosque no respiraba. “Hasta los helechos parecían contener el aliento, y un colibrí, suspendido en un vértigo de luz, era la única nota de quietud en este preludio de aire y furia, donde cada hoja es un párpado que se cierra ante lo que vendría”. Winston, cauteloso, mejor agarró rumbo hacia su casa.

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