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lunes, septiembre 14, 2026

Primera vez en terapia

Por: Irazema Ramos

 

Hay momentos de la vida en los que necesitamos ayuda psicológica. Sin embargo, reconocer que podríamos necesitarla y decidir buscarla son dos cosas diferentes. Entre una y otra pueden aparecer muchas preguntas: ¿realmente lo que me pasa amerita ir al psicólogo?, ¿a quién debería elegir?, ¿qué voy a decir cuando llegue?, ¿y si no me siento cómodo?, ¿qué sucede exactamente en una primera consulta? Si nunca has acudido a un psicólogo, es comprensible que exista cierta incertidumbre. Después de todo, estás considerando hablar con una persona desconocida sobre aspectos de tu vida que probablemente sean privados, dolorosos o difíciles de explicar. La búsqueda suele comenzar preguntando a alguien de confianza por alguna recomendación. Otras personas revisan perfiles profesionales en redes sociales, investigan la formación del terapeuta o realizan un primer contacto por WhatsApp para solicitar información. Desde ese momento puedes comenzar a observar algunos aspectos importantes: la claridad con la que responde, el trato que ofrece, su profesionalismo y, por supuesto, su formación y experiencia. Pero hay algo que me parece fundamental recordar: la primera cita también es para que tú conozcas al terapeuta. Llegar a un consultorio no significa que ya hayas decidido iniciar un proceso con ese profesional. Puedes observar el lugar, si te brinda privacidad y comodidad y, principalmente, cómo te sientes frente a la persona que tienes delante. La primera impresión cuenta, aunque tampoco tiene que ser definitiva. Quizás llegues nervioso, a la defensiva o con cierta desconfianza. Puedes darte un poco de tiempo antes de decidir. Pregúntate: ¿me parece una persona cercana?, ¿me inspira confianza?, ¿me siento escuchado?, ¿percibo empatía?, ¿creo que podría contarle cosas importantes de mi vida? La psicoterapia necesita conocimiento técnico, pero también necesita vínculo. Durante esa primera sesión, el psicólogo suele explicar aspectos básicos del proceso: cómo trabaja, la duración aproximada de las sesiones, honorarios, confidencialidad, normas relacionadas con las citas y otros elementos que forman parte del llamado encuadre terapéutico. También es un buen momento para que preguntes aquello que necesites saber. Después llegará una pregunta que parece sencilla, pero que para algunas personas resulta difícil responder: ¿qué te trae a consulta? Y puede suceder que no sepas por dónde comenzar. No pasa nada si tu historia no sale perfectamente ordenada. No necesitas llegar con un diagnóstico ni tener preparada una explicación de todo lo que estás sintiendo. Parte del trabajo del terapeuta consiste precisamente en ayudarte a organizar aquello que en ese momento puede sentirse confuso. Preguntas como: “¿Hace cuánto tiempo te ocurre?”, “¿qué es lo que más te preocupa en este momento?”, “¿cómo está afectando esto tu vida cotidiana?” o “¿qué te gustaría que fuera diferente?” pueden ayudar a comprender mejor el motivo de consulta. También pueden aparecer temas dolorosos. Hablar de pérdidas, miedos, relaciones difíciles, experiencias traumáticas, culpa o situaciones que durante mucho tiempo hemos evitado no siempre resulta sencillo. Y aquí hay algo que considero esencial: en psicoterapia, la mejor forma de acercarnos a una historia dolorosa es a través del respeto, la empatía y la validación. No todo tiene que contarse en la primera sesión. La confianza también necesita tiempo. A medida que avanza la conversación, el profesional puede resumir lo que ha comprendido, plantear algunas primeras impresiones y conversar contigo sobre los aspectos que podrían trabajarse. Dependiendo del caso y del enfoque terapéutico, también puede ofrecer alguna estrategia inicial que ayude a manejar el malestar mientras comienza el proceso. Antes de finalizar, deberían quedar espacios para tus preguntas. ¿Qué dudas tienes?, ¿cómo te sentiste durante la sesión?, ¿hay algo importante que no pudiste decir?, ¿te sentirías cómodo continuando? Y aquí quiero detenerme en algo importante: tú también puedes elegir. Puedes decidir continuar, pedir tiempo para pensarlo o buscar otro profesional. Que un psicólogo tenga buenas referencias o una excelente formación no significa necesariamente que sea el terapeuta adecuado para ti. La competencia profesional es indispensable, pero la confianza y la alianza terapéutica también tienen un enorme valor. La primera cita no tiene que resolver tu vida. Tampoco necesitas salir de ella con todas las respuestas. A veces, el primer logro es mucho más sencillo: haber encontrado un lugar en el que pudiste comenzar a hablar de aquello que llevabas demasiado tiempo intentando resolver a solas. Y quizás esa sea una buena manera de entender la primera consulta psicológica: no como la obligación de comenzar una terapia, sino como la oportunidad de descubrir si has encontrado un espacio y un profesional con quien te gustaría comenzar ese camino.

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