20.3 C
Honduras
martes, septiembre 1, 2026

Patentar para avanzar

Por Mirna Isabel Rivera

Los inventos que transforman el mundo no surgen de una sola persona, sino de la suma de varias que, gracias a su trabajo y dedicación, dejan huella para que otras generaciones sigan elaborando sobre esas ideas.

El talento y la inventiva no están ligados a un grupo étnico, situación económica o a un grupo de creencias en particular, pero sí hay regiones y culturas donde se fomenta la construcción de nuevas realidades.

Antes de que existieran las leyes modernas de patentes, en Europa eran los monarcas quienes concedían privilegios para introducir determinados productos, oficios o tecnologías. En muchos casos no eran ideas originales, sino que copiaban lo que se hacía en otras latitudes.

Uno de los datos más conocidos ocurrió en 1449: el rey Enrique VI concedió a John Utynam el privilegio exclusivo por 20 años para fabricar vitrales y enseñar a los artesanos locales. El objetivo era no continuar importando estos productos fabricados por generaciones de artesanos venecianos, quienes habían desarrollado el método para fabricar vidrio coloreado o vitrales.

Así era como se manejaban los inventos, tecnologías y patentes antes de 1474, cuando finalmente surge el Estatuto de Patentes de Venecia, el cual fue creado para proteger durante diez años las nuevas invenciones registradas ante las autoridades.

Ese hito histórico marca la protección de las invenciones modernas. Los derechos de los inventores e inventoras estaban más seguros; no dependían de la discrecionalidad de los gobernantes de la época.

Los intereses de los inventores siempre han estado en tensión; algunos han vivido los últimos años de su vida con dificultades económicas, a pesar de sus grandes aportes al avance de la ciencia y la tecnología. Inventar, patentar y convertir una innovación en riqueza son procesos distintos.

La historia de las patentes refleja en gran medida el poder económico y tecnológico. En el siglo XXI, China ocupa el primer lugar con 1,795,715 solicitudes; en segundo lugar, los Estados Unidos con 501,831, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, 2024).

Anteriormente, a mediados del siglo pasado e inicios de este, Japón ocupó un sitio privilegiado, pero ha sido superado por China; el gigante asiático parece cada vez más poderoso.

En 2024, África, América Latina y el Caribe, y Oceanía juntas representaron apenas 1.3 % de las solicitudes internacionales PCT (OMPI, 2024). Brasil ocupa el principal lugar de solicitudes de patentes latinoamericanas, un aproximado de 7,988.

En Centroamérica, la brecha es todavía más evidente. Costa Rica encabezó la región en 2024 con 99 solicitudes de patentes originadas por sus residentes, seguida por Panamá con 38 y Guatemala con 15. Honduras registró apenas 10, El Salvador siete y Belice dos.

En Honduras hay talento, pero el ecosistema no ayuda a potenciar la inventiva y la creatividad. Hay un distanciamiento entre Estado, empresa y universidades para trabajar de manera conjunta.

Una solución a mediano plazo, en la que pueden contribuir mucho universidades públicas y privadas, es replantearse los proyectos finales de graduación o tesis. Estos se pueden orientar más allá de la aplicabilidad de conocimientos adquiridos, buscando generar prototipos, modelos y desarrollo de tecnología orientada al sector productivo.

Todo esto puede ser patentado dentro y fuera del país; potenciar estas oportunidades acelerará el desarrollo social, económico y tecnológico.

- Publicidad -spot_img

Más en Opinión: