Por Emy James

Estoy escribiendo ya las primeras notitas de lo que será mi cuarto libro y tercera novela, la cual está ambientada (porque ya existe en mi mente), en un futuro no tan lejano. Un futuro en que el no cualquiera tendrá permiso para utilizar redes sociales. Y de verdad estoy esperando que sea aunque sea un poquito, profética. Porque en lo personal no estoy de acuerdo en que toda y cada una de las personas de este planeta tenga acceso a algo tan grande, relevante y peligroso como lo son las redes sociales. Ya los países europeos que nos llevan años luz de ventaja en cuanto a todo, las han prohibido a los menores de trece años, quiero pensar, de verdad pensar que dentro de no mucho y de alguna manera, sean también restringidas a gente con mentalidad menor de trece años.
Esta semana ocurrió algo muy lamentable en el fútbol, algo que en realidad sucede todo el tiempo en todos los partidos de fútbol; choques, golpes fuertes entre los jugadores dentro del campo. Solo que esta vez uno de esos choques tuvo un desenlace fatal cuando el arquero del Andorra de España levantó la rodilla (de manera imprudente seguramente) pero claramente con la intención de protegerse, como hacen normalmente los porteros en este tipo de jugadas, golpeando fuertemente a Miguel de Jesús, delantero del club Tenerife, en el pecho. Esto causó un paro respiratorio y más tarde, la muerte del chico de treinta años.
Ahora mismo se ha abierto una investigación en el caso, y una de las cosas que están tomando en cuenta las autoridades españolas es el tiempo tan largo que se tomó para dar al futbolista la atención médica necesaria en estos casos precisamente y la intencionalidad del golpe. Y aquí es donde quiero detenerme un poco, qué otras intenciones puede tener un arquero en plena jugada de peligro de gol para su equipo sino detener esa jugada? Seguramente no la de matar a su compañero. Pero la gente está volcada en las redes sociales llamando a Jesús Owono, asesino.
En 2006 Petr Cech del Chelsea de Inglaterra sufrió una lesión gravísima en el cráneo al recibir un fuerte golpe de la rodilla de su compañero rival Stephen Hunt, lesión que requirió una cirugía inmediata, implantes de placas de metal, tres meses fuera de la cancha y un casco de caucho sintético el resto de su exitosa carrera futbolística. En 2008 el defensa Martin Tylor defensa inglés, hizo una entrada durísima directo a la espinilla de Eduardo Da Silva del Arsenal causándole una fractura abierta de tibia y peroné, fractura que mantuvo a Da Silva “fuera de juego” por un año y mermó notablemente su rendimiento. En 2020 durante un tiro de esquina, el mexicano Raúl Jiménez sufrió una fractura de cráneo con hemorragia interna luego que su cabeza chocara con la del defensor del Arsenal David Liz, en una jugada a alta velocidad. Esta lesión le costó nueve meses de recuperación al delantero y la necesidad utilizar una banda protectora especial en la cabeza. Algunas de estas lesiones pudieron ser fatales también. Obviamente ni Hunt, ni Tylor ni Liz tuvieron esa intención, ni la de lastimar a sus compañeros de la manera que lo hicieron, pero han debido soportar los ataques, acusaciones en redes sociales las cuales insisto, no deberían estar al alcance de cualquiera. Owono ha debido cerrar las suyas y prepararse para lo que le espera.
Y como estos hay cientos de accidentes, golpes en el fútbol, solo que ninguno de esos golpes llegó a la parte anterior del pecho en el momento exacto del ciclo eléctrico que provocó la conmoción cardíaca, que a su vez ocasionó el deceso del futbolista, como lo han explicado los expertos. Algo que sucede en milésimas de segundos. Ni con el mejor plan, lo hubiese conseguido nadie, provocarle la muerte a Miguel de Jesús, al menos no de esa manera.
Ojalá los usuarios de redes sociales con mentalidad menor de trece años pudieran entenderlo.



