Por Irazema Ramos

Noviembre es un tiempo que suele invitar a hacer pausas, mirar hacia adentro y reconocer lo que tenemos. La Real Academia Española define la gratitud como el sentimiento que nos mueve a valorar un beneficio recibido y a corresponderlo. Pero más allá de la definición, hoy sabemos que agradecer no es solo una cortesía, es una herramienta de bienestar con efectos profundos en la mente, el cuerpo y las relaciones. Nuestra columna Eureka presentara en este mes de noviembre la relación que existe entre el agradecimiento y el bienestar integral de la persona, te invitamos a que puedas no solo pensar en la gratitud para hacer una cena de acción de gracias, sino llevarlo a que sea tu estilo de vida.
Hay palabras que aprendemos desde pequeños y repetimos tantas veces que terminamos olvidando su verdadero significado. Una de ellas es “gracias”. Nos enseñaron a decirla cuando recibíamos un regalo, cuando alguien nos ayudaba o cuando nos ofrecían algo. Con el tiempo, agradecer se convirtió en una norma de cortesía, una respuesta casi automática. Pero ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar qué sucede en nuestra mente cuando experimentamos una gratitud genuina? La gratitud va mucho más allá de las buenas costumbres, desde la psicología, se comprende como una experiencia emocional que nos permite reconocer y valorar aquello positivo que recibimos, ya sea de otras personas o de la propia vida.
En medio de nuestras ocupaciones, responsabilidades y preocupaciones, resulta fácil concentrarnos en lo que falta. Nos preocupa el dinero, el trabajo pendiente, las metas que todavía no cumplimos o los problemas familiares. Sin darnos cuenta, nuestra atención permanece ocupada en aquello que necesita cambiar, mientras muchas experiencias valiosas pasan inadvertidas. Pensemos en algo cotidiano, una persona puede quejarse constantemente de su trabajo, sin detenerse a reconocer la estabilidad que este le proporciona, otra puede sentirse agotada por las responsabilidades familiares, olvidando por momentos el valor de que tiene. Otros se quejan por tener que lavar muchos platos sucios, sin reconocer que hay alimentos y personas que compartieron un espacio de comida. Esto no significa que sus dificultades sean insignificantes, sino que nuestra percepción de la realidad puede volverse incompleta cuando solamente prestamos atención a lo negativo.
La gratitud ha sido objeto de estudio, en 2003, los psicólogos Robert Emmons, de la Universidad de California, y Michael McCullough, de la Universidad de Miami, publicaron una investigación titulada “Counting Blessings Versus Burdens”, que podemos traducir como “Contar bendiciones en lugar de cargas” Los investigadores realizaron tres estudios experimentales para examinar la relación entre la gratitud y el bienestar psicológico y físico. En un grupo, los participantes debían registrar periódicamente acontecimientos por los cuales se sentían agradecidos. Otros se concentraban en situaciones molestas o acontecimientos cotidianos. También participaron, en uno de los estudios, personas con enfermedades neuromusculares. Los resultados mostraron que quienes practicaban ejercicios de gratitud experimentaron mejoras en diversos indicadores de bienestar, aunque no en todos los aspectos evaluados. El hallazgo más consistente fue el aumento de las emociones positivas. Los investigadores concluyeron que dirigir conscientemente la atención hacia aquello que valoramos puede favorecer nuestro bienestar emocional y nuestras relaciones interpersonales. Otras investigaciones han continuado explorando sus beneficios. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2023, que reunió 64 ensayos clínicos aleatorizados, encontró que las intervenciones basadas en gratitud se asociaban con mejor salud mental y menores síntomas de ansiedad y depresión. Sin embargo, los investigadores señalaron limitaciones metodológicas, por lo que estos ejercicios deben considerarse recursos complementarios y no sustitutos de los tratamientos profesionales.
Uno de los aportes más interesantes proviene del neurocientífico Glenn Fox y sus colaboradores, del Brain and Creativity Institute de la Universidad del Sur de California. En una investigación publicada en 2015, utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional para estudiar qué sucede en el cerebro cuando experimentamos gratitud. Los resultados mostraron actividad en regiones como la corteza prefrontal medial y la corteza cingulada anterior, relacionadas con procesos de valoración, cognición social y toma de decisiones. Estos hallazgos sugieren que la gratitud no es solamente una expresión de cortesía, sino una experiencia emocional compleja en la que participan mecanismos cerebrales vinculados con nuestra manera de comprender y valorar. Los beneficios de la gratitud también han despertado el interés de la medicina. En 2015, el investigador Paul Mills, de la Universidad de California en San Diego, y sus colaboradores estudiaron a 186 personas con insuficiencia cardíaca en estadio B. Encontraron que mayores niveles de gratitud se relacionaban con mejor calidad del sueño, menos síntomas depresivos, mayor confianza para manejar su condición cardíaca y perfiles más favorables en determinados indicadores inflamatorios. Estos resultados no significan que agradecer cure enfermedades, pero abren una línea de investigación sobre la relación entre nuestras emociones y la salud física.
La gratitud no depende únicamente de tener una vida perfecta, agradecer no significa que todo esté bien, ser agradecido no implica negar el sufrimiento, aceptar injusticias o mantener una actitud positiva permanentemente. Podemos sentir tristeza por una pérdida y agradecer el acompañamiento recibido, podemos atravesar dificultades económicas y reconocer la solidaridad de alguien cercano, incluso podemos experimentar frustración y gratitud durante un mismo día. La salud emocional no consiste en eliminar las emociones ásperas, sino en aprender a reconocerlas y manejarlas sin perder de vista los aspectos agradables. Por eso, la gratitud auténtica no debería convertirse en una obligación, decirle a alguien que debe agradecer porque otras personas están peor, invalida su sufrimiento. La gratitud tiene mayor sentido cuando nace del reconocimiento sincero y no de la presión por aparentar felicidad.
Te invito a desarrollar una práctica sencilla, esta semana podemos realizar un pequeño ejercicio: antes de dormir, identificar de una a tres situaciones por las cuales sentimos gratitud. No necesitan ser acontecimientos extraordinarios, puede ser una conversación agradable, una comida compartida, una dificultad superada etc. Pueden hacerlo por escrito en papel o por medio de alguna app, en lo personal cada día a las 9 de la noche, la notificación que yo espero en mi celular es de la App de gratitud Presently y me gusta tomarme el tiempo de escribir lo que agradezco en ese día.
Este es un buen mes para descubrir que la gratitud no consiste en tener más razones para ser felices, sino en aprender a reconocer algunas de las que ya forman parte de nuestra vida. Si tienes algo más que compartir con nosotros, escríbenos en Facebook: Irazema Ramos – Psicología.



