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jueves, junio 4, 2026

La llamada

Por Emy James

Qué afortunados somos de poder contar con la posibilidad de llamar cuando lo necesitamos. Es una pena que no siempre nos decidamos a hacerlo. Hace algún tiempo leí “La Ridícula Idea de no Volver a Verte” de Rosa Montero. Es un libro fascinante entre ensayo, biografía, diario y hasta un poco novelesco. Precioso libro.

Aparentemente su editorial había pedido a Rosa que escribiera algo sobre Marie Curie basado en sus diarios personales. Por cierto, qué buen hábito es este de llevar un diario. Lo ha sido siempre, pero siento que en estos peculiares tiempos que corren, es hasta un poco más urgente.

Pienso que debe surgir en algún momento algún nieto o bisnieta o alguien así, que tenga curiosidad por la vida de uno, tiempo después de que nos hayamos ido. Lo digo porque yo misma y ya entradita en años, he sentido una necesidad imperante por saber cosas personales de mi abuela paterna a quien no conocí.

Me encantaría saber sobre sus pensamientos, por ejemplo, las cosas en las que creía, las que le apasionaban y desde luego, las que no soportaba. Como una manera imagino yo, de reconocerla en mí misma y de comprender un poco la manera en la que yo soy. Saber qué he heredado de ella y cómo lo he llevado.

Desafortunadamente, son muy pocos los datos que tengo y todo a través de alguien más. Ella no dejó nada escrito. Pero madame Curie sí lo hizo, llevó diarios de su trabajo y sobre su vida. Y hay muchísimas cosas que llaman la atención en ellos, pero ahora mismo quisiera referirme a su pesar por la forma en que se “despidió” de su amado esposo Pierre.

Pues es que resulta que esa mañana antes de que él saliera, para el trabajo creo recordar, tuvieron una discusión muy desagradable por un asunto doméstico. No podían ponerse de acuerdo con algo que tenía que ver con la niñera y ella le dijo alguna cosa fea antes de él salir. Si la dos veces ganadora del premio Nobel hubiese sabido que esa sería la última vez que lo vería y eso, sería lo último que le diría…Ese lluvioso día de abril de 1906 el galardonado científico (también con el premio Nobel) resbaló y con tan mala suerte que cayó debajo de un coche de caballos, perdiendo trágicamente la vida.

Algo parecido sucedió con Miroslava Domínguez, hija del afamado músico mexicano Rigo Domínguez quien lograra muchos éxitos en la década de los 80´s junto a su grupo Audaz.

Ella cuenta que antes de que su padre saliera de viaje (él y su grupo debían cumplir con un compromiso de trabajo), ambos tuvieron una pelea por un asunto que ella que en aquel momento contaba con 16 añitos, califica ahora (con 26) como “tonterías de adolescente”.

Total, que Miroslava se quedó con una desagradable sensación por aquello así que llamó a su padre para pedirle una disculpa. Él la aceptó gustoso diciendo que lo platicarían a su regreso.

Pero eso no sucedió ya que tanto Rigo como el resto de su agrupación murió en un accidente automovilístico solo una hora después de la llamada con su hija. Quién sabe, a lo mejor Marie también hubiera llamado a Pierre…si hubiese podido.

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