Por Mirna Isabel Rivera

Es incuestionable que los Estados Unidos lideran el desarrollo y comercialización de economías digitales y de la inteligencia artificial. Algo que todavía llama la atención es la capacidad para transformar el ecosistema empresarial.
Líderes de las principales empresas tecnológicas norteamericanas mantienen relaciones comerciales con China desde hace décadas. Estados Unidos ha sido el país que innova y crea. China es la fábrica que produce a bajo costo, y el resto del mundo es el principal consumidor.
En la actualidad, el gigante asiático ha despertado; se ha convertido en competidor crucial para su socio estratégico. Están compitiendo en el mercado global, producen, pero también investigan y comercializan exitosamente con precios más asequibles para los países en desarrollo.
Europa como bloque no se queda atrás en los avances tecnológicos; siguen fortaleciendo la ciencia, la ingeniería, la automatización y las tecnologías verdes.
Aunque estos países están a la vanguardia, hay otros actores indispensables: los que proveen la materia prima y aportan los recursos naturales. En las últimas disputas geopolíticas se pusieron en el vocabulario de todas las tierras raras, también minerales como el litio, cobalto, cobre, grafito, entre otros.
La computadora, el teléfono celular y el uso de la inteligencia artificial requieren de una cadena de suministros. Los materiales para construirlos provienen en la mayoría de los casos de países que no benefician a su población y tienen un gran impacto negativo en el ecosistema.
Muchos usuarios no están familiarizados con el impacto que tiene la tecnología que utilizan en el deterioro que causan al medioambiente. Estos inventos dependen de los recursos naturales y de cadenas globales de suministro.
Históricamente, se ha comprobado que exportar materias primas valiosas y no transformarlas en productos solo conlleva el rezago económico. Por eso, ejemplos de éxito como China, Corea del Sur y Brasil nos dan un rayo de esperanza al Sur Global.
Estos países iniciaron hace algunas décadas como fabricantes de empresas extranjeras. Aprendieron de sus clientes e invirtieron en infraestructura, educación, investigación y empezaron a transformar su sociedad. Es triste cuando los gobiernos son operados por personas sin visión; estos fomentan más la corrupción para enriquecerse de manera ilícita, aplastando las oportunidades para su población.
Estos países iniciaron hace algunas décadas como fabricantes de empresas extranjeras. Aprendieron de sus clientes e invirtieron en infraestructura, educación, investigación y empezaron a transformar su sociedad. Es triste cuando los gobiernos son operados por personas sin visión; estos fomentan más la corrupción para enriquecerse de manera ilícita, aplastando las oportunidades para su población.
Hay que reconocer que, a pesar de los intereses geopolíticos, algunas naciones triunfan; estas naciones han encontrado la manera de ser exitosas. Ascendieron en la cadena de valor y continúan disputando ese espacio que se han ganado con sus productos y servicios.
El mundo avanza, con o sin nosotros. En la actualidad, Honduras es un consumidor más de los avances tecnológicos; es tiempo de desarrollar las capacidades necesarias que permitan atraer industrias de mayor contenido tecnológico, sin comprometer la soberanía nacional.
Un patrón de conducta muy recurrente en el país ha sido entregar recursos y conceder privilegios a inversores extranjeros sin beneficios reales para el desarrollo de la población, que cada vez se hunde más en la pobreza. Atraer inversión es necesario, pero debe traducirse en conocimiento, empleo de calidad, transferencia tecnológica y oportunidades para los hondureños. (MIR)



