por Rodrigo Amador

Algún día le tocará cerrar una etapa profesional. Puede ser porque encontró una oportunidad diferente, porque decidió buscar algo mejor o simplemente porque las circunstancias cambiaron. Cuando llegue ese momento, no mida su experiencia solamente por los años que permaneció en un lugar. Pregúntese qué hizo mientras estuvo ahí. No tiene que convertir cada empleo en el trabajo de su vida. Pero sí debería procurar que su paso tenga algún significado. Haga su trabajo con responsabilidad, aprenda todo lo que pueda y tenga la honestidad de reconocer cuando algo salió mal. Cada experiencia le deja conocimientos que nadie puede quitarle.
Y recuerde algo importante: cambiar de trabajo no significa haber fracasado. Tampoco significa que todo lo construido quedó atrás. Usted se lleva su experiencia, las habilidades que desarrolló, las decisiones que aprendió a tomar, los problemas que resolvió y hasta los errores que cometió. Todo eso forma parte de lo que será capaz de hacer después. Por eso, no trabaje únicamente para recibir un salario a fin de mes. Cumpla sus objetivos y entregue resultados, por supuesto. Pero intente aportar algo más. Si encuentra una manera de mejorar un proceso, propóngala. Si alguien necesita aprender, enséñele. Si puede facilitarle el trabajo a un compañero, hágalo. Si llega a un equipo que necesita mejorar, procure dejarlo funcionando mejor de cómo lo encontró.
Y, sobre todo, cuide la manera en que trata a la gente. Usted puede ser quien obtiene los mejores resultados y, al mismo tiempo, dejar un pésimo recuerdo. Puede dominar perfectamente su profesión y ser una persona con la que nadie quiere trabajar. Ningún reconocimiento compensa haber tratado mal a quienes compartieron con usted una parte de su camino. Los números pueden mostrar cuánto vendió, cuánto produjo o cuántas metas alcanzó. Pero no pueden medir si fue un buen compañero, si ayudó a alguien cuando lo necesitaba o si hizo que otra persona confiara más en sus propias capacidades. Eso lo recuerdan las personas.
Por eso, procure que su presencia aporte algo más que resultados. Sea exigente con su desempeño, pero no pierda la empatía. Defienda sus ideas, pero aprenda a escuchar. Busque crecer, pero ayude también a quienes están creciendo a su lado. Porque algún día su puesto tendrá otro nombre, alguien ocupará su escritorio y otra persona asumirá sus responsabilidades. Es normal. Así funciona la vida profesional. Al final del día, los indicadores se archivan y los proyectos se terminan, pero el impacto que dejamos en la vida de un compañero, la paciencia con la que enseñamos y el trato digno que ofrecemos a diario se quedan para siempre. Trabaje de tal forma que su presencia inspire a otros a ser mejores y que su ausencia se sienta, no por orgullo, sino porque donde usted estuvo, las cosas simplemente eran más humanas.
Lo que no debería desaparecer tan fácilmente es la huella que usted dejó en quienes trabajaron con usted. Cuando llegue el momento de cerrar una etapa, se llevará su experiencia, sus conocimientos y todo lo aprendido. Pero también quedará algo atrás: la forma en que hizo su trabajo y, sobre todo, la manera en que trató a los demás. Usted no decide cuánto tiempo permanecerá en un empleo. Sí decide qué clase de profesional será mientras esté ahí.



