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Honduras
viernes, julio 3, 2026

Fraternidad con transcendencia general

Por: Ernesto A. Reina

Es evidente que palabra y pensamiento son términos inseparables que tienden a convencer con agrado y deleite. Los sentimientos deben de producirse adornados, pero con semejanza, modestia juiciosa que persigan a su vez el anhelado arropamiento de las diversas comunidades de un país determinado. Un tremendo problema de gran transcendencia y con objetivos previamente delineados, aparece dentro de los diversos escenarios de nuestra querida Nación. Una situación paradójica y humedecida con la energía del silencio cómplice de ciertos sectores, emerge con su propia existencia, confusión y disposición dentro de los caudales de seguridad y facilidad, para tratar de embrollar a la ciudadanía hondureña y acumular fuerza, pujanza con habilidad y destreza que pulula en algunas porciones del amplio, casi desarrollado y extenso territorio nacional. En otros términos, probablemente se pretende ocultar los graves y complejos problemas que proceden de las elites gubernamentales, generando una finalidad que abandona y se manifiesta como la voz cansada, quejumbrosa y triste que vive la población hondureña. No hay una sólida, concreta e indiscutible apertura democrática, ni muchas menos intenciones de satisfacer las necesidades absolutas y relativas del pueblo. Las grandes ideas de renovación de las instituciones no coinciden con un auténtico acercamiento de las Autoridades de Gobierno, no del actual, sino que de la gran mayoría de los Regímenes Anteriores, mismos que tenían el deber de inclinarse por el respeto a la Ley, la estabilidad política, la tranquilidad , la seguridad individual y colectiva, para mantener un clima de calma, paz, bienestar por entero, acertada responsabilidad vigilante, y sin lugar a dudas, una libertad de opinión y de dicción, o bien, en otras de palabras; y de igual manera, como otras actividades de vital importancia que no pueden inadmitir o deferirse de ninguna forma. Se espera oportunamente un cambio para el mejoramiento El Sistema de Gobierno en su elemental y esencial objetivo es la unidad nacional, evitar la fragmentación colectiva, sin inconvenientes o cortapisas, por ser la genuina expresión de la libertad popular libremente manifestada en las urnas, en un proceso deliberativo y sin contradicciones. La lucha de la humanidad por el imperio de sus derechos y garantías se cristianiza en una elevada prosperidad en todos sus niveles. En nuestra querida Honduras, no hay clases privilegiadas, esta supuesta y odiosa posición de prerrogativa o dispensa se proscribe o destierra, para generar o abrir caminos de dignidad, oportunidades de trabajo para todos y garantizar el imperio de las libertades y la detestable discriminación por raza, sexo, clase y cualquier otra forma lesiva de segregación de la dignidad de la población. La justicia se imparte o distribuye de manera inalterable al tenor de los términos jurídicos, sin modalidades o alteraciones arbitrarias contrarias a las leyes en vigor. Las malas experiencias que estamos viviendo en casi todos los regímenes existentes a lo largo y ancho de la historia, por culpa del sectarismo y el visible apasionamiento político, tienen que desecharse para sembrar una identificación dentro del sentido exacto del término Por estas y otras consideraciones que no viene al caso mencionar, la justicia, la libertad, la solidaridad, la ayuda reciproca, el desinterés y otras declaraciones de valor moral o ético, los derechos humanos de alta significación, son el pedestal que proyecta profundamente un fecundo liderazgo, un genuino dialogo nacional, que son un fuerte relieve de significación y convergencia hacia la resolución con características permanentes de la problemática nacional. No se puede seguir permitiendo esa detestable confrontación social y política, hay que romper los senderos de la inconsecuencia y división para reflejar una fidedigna y también legitima transformación o cambio sustancial de acuerdo con la realidad existente. Las insensateces o inconsecuentes en la posible o aleatoria probabilidad, dividen a los pueblos, cuando no están previamente reglamentados y adecuados a la realidad de la ciudadanía. En tal orden de pensamientos, la unidad y el cumplimiento del reclamo justo de los pueblos se traducen como un fecundo liderazgo. La fraternidad con transcendencia general no puede descartarse. No hay términos medios, ni de gracia y cortesía, las verdaderas obras se traducen no con palabras sino con realidades convertidas en labores de salubridad, trabajo, higiene, apertura de vías de comunicación y otras solicitudes que procuren el interés patriótico y la formación humana y social de toda la población.

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