24.3 C
Honduras
lunes, julio 13, 2026

¿“El mejor oficio del mundo”?

Por: Herbert Rivera

El Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, muy conocedor del la carpintería del periodismo que ejerció, aseveró que este es…o era, “el mejor oficio del mundo”. Previo al Día del Periodista reflexionó que en la mayoría de los casos no se premia a los mejores sino a los afines, a los que caen bien a quienes dan premios, incluso a los ya están viejos o “vacas sagradas” que los dadores piensan ya se van a morir, a los que maximizan el logro del entrevistado o funcionario y minimizan o esconden sus fracasos y que, en consecuencia están bien y seguro estarán mejor mientras otros, la mayoría, continuarán mal y quizás peor. Ignoro cual fue el sostén de las argumentaciones del seguramente colombiano más predilecto, pero debo expresar en estas líneas que, para ser buen periodista es preciso ser buena persona y en la comprometida búsqueda de la verdad ayudar a quienes tienen necesidad o atraviesan penurias. Así las cosas, independientemente de las circunstancias de cada quien (“Yo soy yo y mis circunstancias”), como argüía Ortega y Gasset, no puede ser el mejor oficio del mundo una profesión o actividad comunicacional en la que quienes la ejercen viven una situación laboral precaria, es decir, periodistas mal pagados y trabajando con las uñas, lo cual afecta su salud, arriesgan su vida y por supuesto la calidad de un trabajo que les provee poco para vivir y que, en algunos casos, sin justificación ética o moral y sí, más por necesidad, facilita la aceptación del ofrecimiento de la migaja presupuestaria al no tener margen ni fuerza económica para decir “no” y aún así estar permanentemente sujetos a los caprichos y resabios de jefes que exigen matarse corriendo por la primicia. En mi gremio, quienes parlan y aparentan bienestar y hasta fortuna, especialmente presentadores de televisión, los más vanidosos, la mayoría hasta se disfraza para fingir que se puede vivir con dignidad con salarios exiguos, de hambre que, cada vez valen menos porque las cosas cuestan más, y eso afecta la calidad del periodismo. La situación es tan grave que para subsistir fuera de la planilla de los medios tradicionales, muchos como yo, hace 25 años, otros hace mucho más tiempo, en radio “Romance”, compramos espacios para el análisis o noticieros para subsistir de la venta de publicidad con las aristas que eso implica. Así, hay dueños de medios o “espacios” que mandan a “rebuscarse” a periodistas porque no están dispuestos a pagarles un sueldo, y otros deben hacerlo a destajo, es decir, por nota o reportaje en descontrolados medios digitales, lo que es una ofensa si se calcula que un buen periodista emplea tiempo y minuciosidad en un reportaje bien investigado, escrito, editado y revisado. El problema es mayor pues impacta en lo que la sociedad recibe, y por la obsesión mercantilista de ganar más invirtiendo poco, cada vez se investiga menos y los hechos que suceden fuera de los centros del poder quedan sin cubrir, y lo que verdaderamente debiese importar no interesa y queda bajo un manto de silencio como consecuencia de la falta de interés para contar bien y verificar las noticias. Es un escenario en el que muchos estudiantes o graduados con muchos anhelos, y algunos poco seso, son protagonistas y sueñan con la obtención de un empleo fijo, y los principales medios se achican y los despidos están a la orden del día y aparecen medios “independientes”, generalmente pequeños que salarialmente ofrecen poco o nada. No obstante, aún en tiempos aciagos o de crisis, hay periodistas talentosos, la mayoría no tanto, que con ganas de contar historias apegadas a la verdad en nuevos medios y así atraen a un público cansado del periodismo tradicional, y quizás por eso es que el periodista español Ignacio Escolar, fundador de eldiario.es, advirtió que: “La gran amenaza del periodismo ya no es cómo se investiga, se escribe o se publica, sino cómo se paga”. Son muchos los colegas periodistas, comunicadores y sus familias que, como miles de hondureños en esta situación económica y socialmente calamitosa, languidecen víctimas del desempleo y los salarios paupérrimos consecuencia del mercado y la política, lo cual desde hace mucho es un pesado lastre para quienes lo ejercen. Es una situación cada vez más frecuente, casi normal en la que, a excepción de algunos jefes y dueños de medios y espacios, o de los que prostituyen su conciencia se la pasan bien con la transa, mientras sus empleados la pasan mal. La mayoría de los afectados son excelentes periodistas, honestos, virtud cada vez más escasa y vista como defecto en lugar de virtud para quienes como titiriteros manipulan los hilos del negocio y del espectáculo en que han convertido el periodismo. También es cierto que la actividad periodística, ha sido infortunadamente cooptada por mediocres, mañosos y mafiosos, fanáticos y activistas de cualquier cosa y de toda causa, además de imberbes festinados en su afán por aparecer en la pantalla televisiva o de la red social, en lugar de perseverar por la excelencia académica y el fortalecimiento ético y moral. Con ese escenario, un angustiante verso hace años atrajo mi atención producto del infortunio de mis mejores colegas que son los más…“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los “nadies” con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena suerte…”. Esa prosa es parte del poema “Los Nadies”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, una desgarradora prosa o descarnada radiografía sobre los “chuñas” o “descamisados”, los más que pobres, los miserables, de los que no tienen nada y son merecedores de todo, entre ellos los mejores periodistas de Honduras.

- Publicidad -spot_img

Más en Opinión: