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viernes, julio 3, 2026

El enojo puede ser la punta del iceberg

Por Irazema Ramos (Sicóloga)

Paciente masculino de 43 años, menciona que últimamente tiene días en los que todo le irrita, el ruido, el tráfico un mensaje que tarda en responderse, una pregunta simple, que sus compañeros de trabajo platiquen en lugar de avanzar en el trabajo, una risa fuera de lugar, incluso cosas que normalmente pasarían desapercibidas se vuelven insoportables. Y entonces aparece la frase: “no sé qué me pasa, pero todo me molesta”.

Muchas veces, la explicación más rápida, y también la más injusta con uno mismo, es pensar que se trata de carácter. “Así soy”, “ando de mal humor”, “tengo poca paciencia”. Pero en terapia hemos logrado identificar que la irritabilidad, en la mayoría de los casos, no es el problema, es el síntoma, es la punta del iceberg.

Lo que vemos, el enojo, la reacción rápida, la incomodidad constante, suele ser solo una pequeña parte de algo mucho más profundo que no está siendo atendido. Debajo de esa irritabilidad, con frecuencia, hay cansancio. No solo físico, sino emocional, días acumulados sin descanso real. El cuerpo sigue funcionando, pero la mente ya está saturada. Otras veces hay tristeza. Una tristeza que no siempre se reconoce como tal, porque no necesariamente se manifiesta con llanto aislamiento o silencio. A veces la tristeza se vuelve irritabilidad, impaciencia, intolerancia. También puede haber frustración, expectativas no cumplidas, situaciones que no salen como se esperaba, esfuerzos que no han tenido el resultado deseado. La frustración sostenida no desaparece sola, se transforma. En muchos casos, hay sobrecarga, demasiadas responsabilidades, demasiadas decisiones, demasiadas cosas al mismo tiempo. Cuando todo se acumula, la capacidad de respuesta emocional se reduce. Lo que antes se manejaba con calma, ahora desborda. Puede haber muchas emociones contenidas detrás de un enojo, sentimiento de injusticia, miedo a perder algo, a no ser suficiente, a que algo salga mal, vergüenza o inseguridad, sensación de falta de control etc.

Por eso, no es raro que alguien se enoje por algo simple, su molestia no es realmente por eso, es por todo lo demás. La mente no siempre expresa el malestar en su forma original. A veces lo simplifica, lo traduce, lo convierte en algo más inmediato, más fácil de reaccionar: irritación. Desde una perspectiva psiconeurológica, esto tiene sentido. Cuando el sistema nervioso está sobre estimulado, es decir, cuando ha estado demasiado tiempo en estado de alerta, respondiendo a exigencias, presiones o estrés, se vuelve más sensible y como decimos en Honduras, “anda de toque”. Es como si el umbral de tolerancia bajara. Lo que antes no generaba reacción, ahora sí. El cerebro interpreta estímulos cotidianos como si fueran más intensos de lo que realmente son. No porque el entorno haya cambiado tanto, sino porque el sistema interno está saturado. En ese estado, cualquier cosa puede sentirse como “demasiado”.

Es importante hacer una distinción clave, entender la irritabilidad no significa justificar cualquier comportamiento. No se trata de normalizar el maltrato, las respuestas agresivas o las palabras que hieren. Comprender lo que hay detrás de una reacción no elimina la responsabilidad sobre cómo actuamos, así que ten cuidado con el enojo que hiere a los demás, porque entender tu enojo no es lo mismo que permitir que te controle. Porque en lugar de quedarnos en “estoy de mal humor”, podemos empezar a preguntarnos algo más útil: ¿qué hay debajo de esto? Porque tal vez no estás enojado con todo, quizás estes agotado, triste etc. La irritabilidad, en ese sentido, puede ser una señal incómoda, pero también honesta. El problema es que muchas veces respondemos a esa señal solo en la superficie, intentamos controlar el carácter, “tener más paciencia”, reaccionar menos etc, esto ayuda en lo inmediato, pero no resuelve la raíz. Es como bajar el volumen de una alarma sin revisar por qué se activó.

Haz el tiempo para identificar la raíz de tu irritabilidad, pregúntate, con honestidad: ¿qué me está pasando realmente? No desde la crítica, sino desde la atención, desde la responsabilidad del cuidado.

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