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lunes, julio 20, 2026

Dale play y canta: Tu cerebro necesita oir esa cancion

Por Irazema Ramos

Hay canciones que no solo se escuchan: se viven. Bastan los primeros acordes para que algo dentro de nosotros despierte, para que la memoria, abra una puerta al pasado. De pronto, volvemos a ser quienes fuimos, esa persona que cantaba a gritos, en una fiesta con amigos o frente al espejo, sintiendo cada palabra como si contara su propia historia.

No era solo música, era una declaración emocional, una forma de decir “esto soy yo” cuando quizás no sabíamos cómo expresarlo de otro modo. Cantar nuestra canción favorita a flor de piel no era un simple acto de diversión, era también una experiencia profundamente emocional y fisiológica.

Cada nota, se imprimía en el cerebro junto con las sensaciones, los olores, las miradas y los latidos de aquel momento. Por eso, años después, cuando esa melodía vuelve a sonar, no solo recordamos: revivimos. La voz se escapa casi sin querer, el corazón se acelera un poco y el cuerpo se sincroniza con un pasado feliz. Todo eso que sientes no es casualidad.

La ciencia ha demostrado que la música activa regiones del cerebro relacionadas con la memoria, la emoción y el placer. Por eso cantar nuestra canción favorita no solo es un acto nostálgico, muchas veces es una necesidad biológica, una forma de reconectar con las partes más genuinas de nosotros mismos.

Nuestra memoria autobiográfica reúne los recuerdos de sucesos personales vividos (episódicos) y los significados que les asignamos (semánticos). La música familiar y emocionalmente significativa se conecta con nuestra identidad, elegir una canción favorita no es solo cuestión de gusto, sino una expresión de hacia dónde hemos sido y hacia dónde somos.

Por ejemplo, quizá escuchemos una canción que estuvo de fondo en nuestra graduación, o en ese viaje con amigos, o en un primer amor. Al volver a oírla años después, no solo recordamos el evento, sino que volvemos a sentir aquella emoción, alegría, nostalgia, impulso vital, o tal vez melancolía.

Esa emoción, activa nuevamente, refuerza la conexión entre música y memoria personal. La emoción desempeña un papel clave, la música no solo sirve como “etiqueta” de un momento, sino que la emoción vivida amplia la probabilidad de que el recuerdo se fije, se recupere y sea vivido con intensidad.

Esto explica por qué, al escuchar una canción que amábamos en determinado momento vital, podemos revivir con nitidez un instante que parecía olvidado. Además, la música puede actuar como marcador temporal: un estudio mostró que, al reproducir canciones populares de distintas épocas, los participantes tendían a conjurar recuerdos que coincidían temporalmente con la popularidad de la canción en su juventud.

En ese sentido, las melodías funcionan como hilos que conectan nuestro presente con pequeñas cápsulas del pasado, cargadas de emoción y significado. El poder evocativo de la música no es solo evocador sino terapéutico.

En el caso de enfermedades como la Alzheimer, muchas funciones cognitivas se deterioran, pero curiosamente ciertas conexiones musicales parecen resistir más tiempo. Un estudio de la University of California, Davis identificó que la región sede de integración entre música, memoria y emoción, es de las últimas en atrofiarse en la enfermedad, lo que puede explicar por qué la música familiar puede acceder a recuerdos profundos incluso en fases avanzadas.

Otra investigación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador analizó un protocolo de estimulación musical para mejorar la memoria autobiográfica en pacientes con Alzheimer y reportó efectos positivos en la evocación de recuerdos personales.

Más allá de las demencias, la canción favorita puede funcionar también en procesos de duelo o transición vital. Escuchar esa melodía que marcó una época puede ayudar a reconstruir el sentido de identidad, a conectar con emociones pasadas y a procesarlas en el presente.

Desde una perspectiva de autorregulación emocional, la música ofrece un recurso para revisitar lo vivido, resignificarlo y avanzar. Por ejemplo, al elegir conscientemente una canción que nos conecte con un momento de crecimiento o transformación, podemos inducir un estado interno de reflexión, evocando la emoción original pero con la distancia del presente.

Así, la canción actúa como puente entre el pasado que fue y el presente que somos, ayudando a integrar experiencia y autoconocimiento. Sin embargo, también conviene saber elegir esa canción que dejamos entrar en nuestra mente y nuestro cuerpo. No todas las melodías evocan bienestar, algunas pueden traer consigo emociones no resueltas o recuerdos dolorosos que, en lugar de sanar, reabren heridas.

La canción favorita ideal no es necesariamente la más intensa, sino aquella que al volver a sonar nos permite sentir, recordar y avanzar. Elegirla con conciencia puede transformar la nostalgia en energía vital, el pasado en aprendizaje y la emoción en equilibrio. Cuando una canción favorita surge en el reproductor, no es solo un pasatiempo, es una llave que abre una puerta hacia otro tiempo en nuestra vida.

La música, al conectar con nuestra memoria autobiográfica y activar redes cerebrales de emoción y auto-referencia, nos permite revivir momentos esenciales del pasado. En esta semana te invito a escuchar tu canción favorita, identifica qué momento vital evoca, qué emociones resurgen y cómo te ves al paso del tiempo.

Esa cápsula del tiempo que llevas contigo puede enseñarte tanto de quién eras como de quién eres ahora. Y en esa evocación, quizá encontraremos pistas valiosas para nuestro bienestar psicológico. Si tienes algo por compartir con nosotros escríbenos a [email protected] o búscanos en Facebook, Irazema Ramos- Psicología.

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