Por Mirna Isabel Rivera

“El significado de la vida es dar a la vida significado” esta frase es atribuida a Víctor Frankl, un sobreviviente de los campos de exterminio Nazi, que desafío su fatal destino solo con una herramienta, aprendió a controlar sus pensamientos a pesar del caos.
No se dejó aplastar por las circunstancias adversas y mortales, donde perdió a su propia familia, pero aun así se decidió a seguir luchando, no pensando en un indulto, que haría desaparecer su fatal destino.
Victor Frankl fue un destacado profesional de la medicina, era profesor, nació en Viena en 1905, antes de la Segunda Guerra Mundial era un reconocido siquiatra que trabajaba con personas que sufrían depresión y tendencias suicidas. Para Frankl darle sentido a la vida, no es retórica, no son fantasías, o algo que no se pueda lograr.
Él plantea que se debe accionar, hacer tareas con propósito, que den significado más allá de la subsistencia. Propone relaciones humanas basadas en el amor y el afecto, dándole sentido a nuestra propia existencia.
El sufrimiento es visto como algo intrínseco al ser humano, la diferencia es la actitud que tomamos ante esto, si somos valientes y nos esforzamos o dejamos que el dolor nos aplaste. El pensamiento de Frankl está en línea con el mensaje del filósofo Nietzsche “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.
Es fácil filosofar desde la teoría, pero hacerlo en medio de la adversidad, darle sentido a esas frases requiere de una preparación previa, para no convertirnos en victimas de nuestras propias circunstancias.
En 1942 Frankl fue deportado junto con su esposa y sus padres a un campo de concentración nazi. Pasó por varios campos, entre ellos Theresienstadt, Auschwitz y Dachau, donde perdió a toda su familia. Solo él sobrevivió.
Antes de llegar a esos campos de exterminio, había desarrollado una idea central de lo que posteriormente sería su teoría. Las principales bases de su propuesta era que la vida tiene sentido en cualquier circunstancia, la búsqueda del sentido y creía en nuestro libre albedrío, que siempre podemos elegir la actitud para enfrentar las adversidades. Al llegar a los campos, estas ideas se pusieron a prueba.
En lugar de ser solo conceptos teóricos, se convirtieron en una forma de sobrevivir espiritualmente. Su experiencia confirmó que tener un propósito o un “por qué” para vivir podía marcar la diferencia entre rendirse o resistir.
Algo que me llamó la atención en su libro “El hombre en busca de sentido”, escrito en 1946, después de sobrevivir al holocausto, fueron sus observaciones sobre el sentido de humor, desde su experiencia este juega un papel fundamental en un contexto de exterminio, representa una forma de resistencia espiritual.
Frankl lo explica como un mecanismo de defensa psicológica, eso me recuerda a la frase popular “reír por no llorar” que nos invita a buscar salidas con un espíritu sereno. El humor explica Frankl, ayuda a mantener la cordura, por eso él invitó a su colega que era médico y estaba en su misma situación a bromear entre ellos, aunque sea por unos segundos sobre su trágica realidad, una verdadera paradoja.
Frankl, ve en el humor un escudo protector del alma para la auto conservación, una estrategia para crear distancia entre ellos y el sufrimiento inmediato. El humor libera nuestra alma y ayuda a recapturar nuestra libertad interior, esa simple elección de reír, aunque sea un minuto a pesar de todo, nos da un súper poder: no perder el control de nuestra mente para resistir por dentro.
Frankl y su colega médico ambos prisioneros hicieron un pacto, buscar algo cómico cada día, para compartirlo entre ellos, esto les permitió mantener la esperanza y conservar su humanidad, darle sentido al sufrimiento y conscientemente buscar el lado cómico de la vida a pesar de todo.
Dar sentido a nuestras vidas depende de nosotros, que otros nos quieran ver caer o borrarnos del mapa, es cuestión de ellos, nuestro deber es mantenernos de pie y vivir. En todo momento debemos cuidar nuestros pensamientos y acciones, tener una pizca de humor diario es una manera de conservar nuestra humanidad y cuidar nuestra espiritualidad.



