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Honduras
lunes, julio 20, 2026

¿Cómo podría no tocar el tema?

Por Otto Martín Wolf

Por más que intento encontrar entre mis apuntes algo que escribir diferente a lo que llena las páginas de todos los periódicos – y los medios en general- no encuentro nada que tenga más importancia que ese tema: El futuro de la libertad en Honduras se decide a fin de mes.

Lo que sucederá con usted, sus hijos, nietos y futuras generaciones dependerá de cómo salga el país después de las elecciones. Las posibilidades son muchas y, lamentablemente, el 99 por ciento de las diferentes opciones es mala, muy mala.

De arriba para abajo: Puede ser que no haya elecciones del todo, que el gobierno se las ingenie de alguna manera para, “respetando y protegiendo” la Constitución, la viole hasta terminar con ella, cosa que está en la mente del Comandante desde el inicio de su carrera política.

Puede suceder que la candidata del partido de gobierno pierda catastróficamente (según lo indican las encuestas confiables) pero se haya declarado ganadora desde mucho antes de cerrar las urnas, inmediatamente gritará fraude y de ahí en adelante la cosa se puede poner aún más fea.

Los grupos pagados por el Estado, con los impuestos del pueblo, -herederos de la legendaria mancha brava- “Los Colectivos” se tomarán los centros de cómputo, el mismísimo CNE y hasta el Hospital Escuela, que no tiene nada que ver pero lo harán para demostrar su poder.

De paso pueden volver a su antigua costumbre de las llamas. La nueva embajada americana parece inexpugnable pero, vaya usted a saber. Algunos restaurantes de comidas rápidas que (normalmente pero anormalmente) siempre han sido objeto de su furia sin control pueden ser incinerados para aumentar la sensación de caos.

En cuanto a las Fuerzas Armadas pueden tratar de repetir la estrategia utilizada el 9 de marzo y hacer perdedizas algunas o todas las urnas, quién lo podría evitar? La Policía Nacional no hará nada, ya nos dio un ejemplo de su concepto de “servir y proteger” cuando evitó el ingreso de una gran mayoría de diputados al edificio del Congreso Nacional, violando la soberanía de ese poder del Estado, sin dar explicaciones a nadie, sin siquiera decir quién emitió semejantes órdenes.

En un país verdaderamente democrático y sin aspirantes a dictadores, la policía no tiene autoridad sobre el Congreso. Aquí las barricadas, los uniformes y las armas, impidieron la entrada de los diputados a su centro de trabajo: El Soberano Congreso Nacional. El mundo entero se dio cuenta de que la policía hondureña violó la soberanía del Congreso Nacional y también que el Ministerio Público no ha mostrado el menor interés en averiguar quién abusó de la autoridad y bajo órdenes de quién.

Yo MELosospecho y usted? Otra posibilidad (más ) es que desde Venezuela o algún otro lugar oculto “hackeadores” profesionales se metan en el sistema y adulteren todos los datos provocando una confusión terrible para el futuro de Honduras.

Creo que aquí pueden entrar al sistema con más facilidad que lo hace algún alto dirigente del gobierno, carretilla en mano, al Banco Central. Habrán notado que estoy tratando de mantener el sentido del humor para no llorar por escrito, pero la situación es seria, más seria de lo que jamás hemos enfrentado.

Cierto que en nuestra historia ha habido fraudes, golpes de estado y cualquier clase de trampas, pero nunca la amenaza ha venido de simpatizantes de regímenes totalitarios como los de Cuba, Nicaragua o Venezuela. Esos no están jugando, esos se quedan para siempre.

Quien lo dude, favor preguntar a los cubanos, que fueron “libertados y refundidos” desde 1959. Ya los líderes revolucionarios murieron, también la gente que los vio llegar. Los que ahora viven en Cuba heredaron unos el poder y otros la miseria y desgracia desatadas a mediados del siglo pasado.

Por ese camino va Venezuela y es al que nos quieren llevar, desean el poder no por 4 años, lo quieren para siempre. Existe, no obstante, un pequeño porcentaje, ese 1 por ciento que faltaba en la cifra inicial, de que las cosas salgan bien, que las elecciones se realicen en tiempo y forma, que el ganador sea quien obtenga la mayoría, que nadie intervenga y que todo se lleve a cabo como debería ser, sin sobresaltos, sin miedo, sin trampas.

Afortunadamente ese 1 por ciento está en manos del pueblo, es el pueblo quien puede salvarse a sí mismo, a Honduras, acudiendo en masa a votar. Hacerlo de una manera tan fuerte que no deje ninguna duda, una votación tan avasalladora y contundente que resista todos los intentos de fraude.

Y entonces, que el lunes siguiente sea un brillante e inspirador primero de diciembre, que el país conserve el camino de la democracia y libertad, el camino del futuro que merecemos todos.

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