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lunes, julio 20, 2026

Alimentos orgánicos y un poco de tutti frutti

Por Otto Martín Wolf

Desde el inicio de los tiempos hasta el año 1840, todas las cosechas fueron absolutamente orgánicas. En ese año se agregó, por primera vez en la historia de la humanidad, un componente no natural, el SUPERFOSFATO.

El invento fue realizado por John Lawes, quien descubrió cómo fabricarlo aplicando ácido sulfúrico a rocas fosfatadas. Para ser sincero no tengo idea de qué es todo eso (IA me ayudó a encontrar los datos), lo importante, desde el punto de vista de este artículo es la fecha: año 1840, siglo 19. Antes de eso todo era natural, orgánico y puro. Bien, en esa época el estimado de vida de cualquier persona era 28-30 años.

Por muy sano y natural que comieran, todos morían bien jóvenes. Rápido hacia el futuro, en el pasado siglo 20 la esperanza de vida aumentó hasta los 70 años. Para entonces la mayoría de los productos alimenticios recibían ayuda química en forma de fertilizantes, insecticidas, hormonas y todo lo que se le podía ocurrir a los productores para aumentar su negocio y ganancias.

Pero, a pesar de eso, de haber dejado la pureza orgánica, la gente casi triplicó su expectativa de vida; ¿Qué otro factor pudo haber incidido de tal manera? Entre otras cosas el descubrimiento de los primeros anestésicos, la penicilina y el subsiguiente avance de la medicina en todas sus ramas a partir, también, de la mitad del siglo 19.

La expectativa de vida aumentó en forma tan espectacular debido al desarrollo de la medicina. Rayos x, vacunas, analgésicos y otros antibióticos hasta llegar al trasplante de órganos y, ya en el presente, a la fabricación en laboratorio de ciertos “repuestos” para el cuerpo humano.

¿A dónde quiero llegar? Es evidente que todos aquellos que han decidido consumir sólo productos orgánicos -pagando un alto sobreprecio por encima de los no orgánicos- posiblemente han sucumbido a los mensajes de la publicidad y las teorías de la conspiración.

Con una estrategia muy bien dirigida, los productores orgánicos han convencido a mucha gente de evitar lo que no es “orgánico”. ¿Obtendrán más salud, vivirán más? Las cifras sobre el aumento en los años de vida prueban lo contrario.

Se ha comprobado que es un gran negocio asustar a la gente y venderle la solución mágica para el problema creado por ellos mismos. Una pregunta que se me viene en este momento y que incluyo aunque realmente no era parte del tema: Los que sólo comen orgánico no ingieren bebidas alcohólicas? El trago hace más daño al organismo que cualquier colorante o saborizante artificial, ¿también dejaron de tomar? Los genios del mercadeo encuentran siempre un nuevo argumento, una nueva estrategia para vender más.

Tenemos ropa de colores que “van con la estación”, las mujeres corren a ponerse chalecos tipo Han Solo apenas sopla el primer viento frío. También botas para proteger las piernas pero que para lucirlas tienen que utilizar faldas cortas, lo que es una contradicción, no es cierto? Quizá esos atuendos ayuden contra el frío, es posible.

Pero, sobre todo, les permiten estar a la moda, lo que parecer ser más importante para algunas que la salud. Nos manejan con el gluten, de cuya existencia nadie sabía y a nadie afectó antes de que se convirtiera en argumento de ventas.

¿Es que los veganos – y los vegetarianos- no se dan cuenta que están siendo utilizados por los genios del mercadeo a quienes -por definición- ellos detestan? De paso,hay algo extraño, un gran porcentaje de los veganos -y vegetarianos- también se oponen a las vacunas. Son la contracultura del siglo 21.

Están contra los avances -indetenibles- del presente y del futuro. Hay algunos que sólo comen frutas cuando ya han caído de los árboles (no sé cómo le hacen con las sandías y la mayoría de las legumbres, que crecen en el suelo), alguien los convenció de que los árboles sufren cuando les cortan sus frutos.

Quizá sea cierto pero a quién le importa? Sólo a los seguidores de la teoría de la conspiración y otros ilusos. El aparato digestivo del hombre está hecho para comer todo lo que pueda digerir, por lo tanto es la naturaleza la que -sin lugar a dudasdecide qué debemos comer y qué nos envenena o nos produce corre-corre.

Cuando estoy frente a un steak de lomito término medio, en la elegancia y buen servicio de un restaurante, ni por cerca se me ocurre pensar en la vaca de donde proviene, ni en ese momento ni nunca. Ni siquiera pienso en la factura. Mmmmmm, ya sé que almorzaré mañana!

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