Por Enrique Zaldivar

Hemos vuelto tan relativa la verdad, que se ha vuelto completamente subjetiva, cada quien, acomodándola a su modo, perdiendo de esta manera una importancia común. Dichos como “Cada quién tiene su verdad” ha hecho que la exageración, el dramatismo y muchas veces la hipocresía, la vayan distorsionando.
Recuerdo siempre que hacíamos un ejercicio de comunicación, donde se juntaba una fila de más o menos diez personas, al del inicio se le decía algo en secreto y lo pasaba al siguiente. Cuando llegaba al primero, ese mensaje estaba completamente diferente.
En tiempos digitales, la verdad se ha trastocado tanto, que los mismos medios de comunicación tienen que crear secciones para desvirtuar cosas, que según los informantes mismos, son una verdad. Ahora con la inteligencia artificial, y la tecnología, se vuelve fácil distorsionar personas, palabras, escenarios, voces y mucho más.
Esa incertidumbre de pensar y saber que vivimos rodeados de mentiras, no son para nada bueno, y afectan de manera directa a la salud mental. Basta con que alguien refute su palabra, con la de otra, para que nos ponga en duda de la veracidad. De ahí la importancia de un eje central en todo ello. Los principios y valores.
Uno de mis mentores, acostumbraba decirme “A falta de valores internos, abundan las reglas externas” Es decir, si usted no tiene el cuidado de mantener su espacio limpio, pronto verá un rótulo que diga prohibido votar basura.
Ante esto, la buena noticia es que cada vez más personas se acostumbran a revisar sus fuentes informativas o el origen de los datos para tener certeza de ello. Aquí es donde entra una gran palabra que precede todo lo que uno hace. La reputación.
Si usted desea crear reputación, debe hacer las cosas por sus convicciones y principios, sin esperar que alguien le aplauda o lo vea. A la larga la gente sumará ese valor a lo que usted dice. “Esta persona tiene una gran reputación”. Antes de que llegaran los influencers digitales, siempre buscábamos un líder de opinión. Pero para tener tal cargo, debía precederle su buena reputación.
Hoy buscamos cuantos seguidores tienes, dejando a un lado si tiene veracidad lo que esta persona ha dicho o dirá de mi marca, o cualquier producto en cuestión. Estoy dejando por fuera de este tema a aquellos que aspiran a cargos públicos. De todos es sabido que harían y dirían lo que fuera, según su conveniencia.
Pero la verdad se refleja en lo que un padre le promete a un hijo. Lo que un colaborador ofrece a una empresa a la hora que lo contratan. O aquello que usted negoció como entregable a la hora de firmar con un cliente.
Entiendo lo mucho que lo compromete a uno, procurar decir la verdad. Y no hablo de ser perfecto. La gente es tan generosa, que hasta una o dos cosas puede dejarle pasar si usted ha tenido buena reputación. Hablo que la mentira permanente y premeditada que trastorna una realidad, pero que definitivamente siempre es descubierta.
Algunas frases que procuro decir, a la hora de hacer un trato con un cliente es “No puedo prometerle eso” o bien “Vamos a intentarlo con toda nuestras fuerzas” Pero puedo asegurar que esa cuota de honestidad es bien recibida por ello, cuando ven el intento sano por sorprenderlos.
La verdad comienza en casa. Cuando usted es claro con su gente. Ellos aprender a serlo y ese es un cambio cultural que necesitamos ¡Con urgencia! Para que podamos ser gente de alto valor, en todas las áreas de nuestras vidas. ¡Inténtelo y verá!



