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lunes, agosto 17, 2026

Inteligencia artificial: ¿ahorrar o crecer?

Por Rodolfo Dumas Castillo

abogado Rodolfo Dumas Castillo
abogado Rodolfo Dumas Castillo

Si preguntamos a cualquier empresario hondureño qué busca al implementar inteligencia artificial, la usualmente será reducir costos, recortar planillas o acelerar procesos. Una apuesta por la optimización, no por la escala. Es un reflejo condicionado por un entorno complejo, pero financieramente es un error estratégico. Esa fijación con la austeridad tecnológica revela un sesgo de supervivencia profundamente arraigado, donde el éxito se mide por cuánto se ahorra hoy y no por cuánto se puede conquistar mañana.

En Honduras, la IA se está adoptando como un chaleco salvavidas y no como un motor de escala. Se usa para automatizar la atención básica o generar reportes más rápido. Aunque esto ayuda, apenas roza el 10% de su verdadero potencial. Si proyectamos dos empresas locales a tres años, es probable que aquella que utilice la IA para expandir mercados, desarrollar productos y captar nuevos clientes genere mucho más valor que la que se limite a optimizar sus costos operativos.

El problema radica en el “punto ciego del crecimiento”. Nos obsesionamos con podar el gasto cuando el verdadero apalancamiento está en multiplicar los ingresos. Los chatbots, la automatización y las herramientas de productividad pueden provocar beneficios inmediatos, pero ese efecto tiene un límite natural pues los costos solo pueden reducirse hasta cierto punto, mientras que las oportunidades de crecimiento son ilimitadas.

El valor de una empresa no depende únicamente de sus resultados actuales, sino también de su capacidad para expandirse en el futuro. En los mercados financieros, las expectativas de crecimiento tienen un peso determinante en la valoración de las compañías. Pequeñas mejoras sostenidas en el crecimiento orgánico pueden traducirse en aumentos desproporcionados en su valor, porque los inversionistas premian la capacidad de generar ingresos futuros.

Esta lógica aplica a nuestro entorno corporativo. Un aumento sostenido en las ventas transforma la percepción y valoración de una empresa mucho antes de que sus efectos se reflejen en los estados financieros. Sin embargo, la miopía corporativa suele privilegiar el camino corto. Los bancos utilizan IA para detectar fraudes en lugar de identificar nuevos segmentos de clientes; el comercio minorista automatiza inventarios, pero no aprovecha la tecnología para personalizar ofertas y aumentar la frecuencia de compra; las aseguradoras agilizan la gestión de siniestros mientras desaprovechan herramientas predictivas que podrían impulsar la venta cruzada. Incluso las firmas de servicios profesionales se concentran en optimizar procesos internos cuando podrían utilizar la IA para exportar conocimiento a otros mercados.

En una economía con más del 70% de informalidad, costos operativos altos y un entramado burocrático asfixiante, la inteligencia artificial puede derribar barreras de entrada, no solo reducir estructuras. Cuando el entorno limita la velocidad del crecimiento, la tecnología puede convertirse en un acelerador que compense parte de esas restricciones.

Pensemos en una empresa de servicios que crece al 3% anual. Si utiliza modelos predictivos para triplicar el rendimiento de su captación directa, añadirá esos dos puntos porcentuales de crecimiento. Al consolidar esa tracción y redireccionar el gasto de intermediación hacia capacidades comerciales, el crecimiento salta al 7% y el valor del negocio se duplica. Así operan las corporaciones que lideran la vanguardia global.

La oportunidad en Honduras es grande porque las brechas de acceso siguen siendo enormes. En un país donde la asesoría financiera especializada, ciertos servicios de salud o el acceso a asistencia legal de calidad continúan siendo inaccesibles para amplios sectores de la población, la IA ofrece la posibilidad de ampliar la cobertura y generalizar servicios que antes estaban reservados para unos pocos.

Pero la oportunidad exige disciplina. La empresa que adopte la inteligencia artificial sin rediseñar procesos, depurar datos y desarrollar capacidades internas solo automatizará ineficiencias existentes. En cambio, quien utilice la tecnología para tomar mejores decisiones, ampliar mercados y atender segmentos históricamente desatendidos construirá una ventaja competitiva.

Las organizaciones que comprendan este cambio primero no solo obtendrán mejores indicadores financieros, consolidarán posiciones de liderazgo. Una empresa con mayores expectativas de crecimiento atrae más capital, tiene mayor capacidad de inversión y dispone de mejores herramientas para expandirse, innovar o adquirir competidores rezagados. Para lograrlo, el liderazgo empresarial también debe evolucionar. El verdadero potencial de la inteligencia artificial no radica en sustituir personas, sino en potenciar su capacidad para generar valor.

La inteligencia artificial no llegó para ayudarnos a sobrevivir el día a día; llegó para multiplicar posibilidades, ampliar mercados y acelerar el crecimiento. Y esa diferencia entre sobrevivir y expandirse es la que suele separar a las organizaciones que lideran el futuro de aquellas que terminan persiguiéndolo.

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