Por Mirna Isabel Rivera

En la era digital las humanidades han sido ampliamente cuestionadas, al punto de que algunas universidades a nivel global han recortado sus presupuestos debilitando así su enseñanza.
Contrario a lo que podríamos creer, empresas líderes en inteligencia artificial (IA) como Google DeepMind, IBM y Anthropic, ya tienen en su equipo de trabajo a filósofos, pero ¿qué pueden aportar estos talentos en una industria dominada por ingenieros y expertos en la ciencia de los datos?
La inteligencia artificial tiene una gran capacidad para influir en las decisiones humanas. Si bien es cierto que el mundo digital se mueve sobre la base de los algoritmos, el planteamiento de lo que es la moral y la ética sigue siendo pertinente.
Los filósofos no diseñan algoritmos; ayudan a responder preguntas fundamentales sobre cómo deben utilizarse, cuáles son sus límites y qué valores deberían orientar su desarrollo.
Cuando estudiamos en la universidad la asignatura de filosofía, muchos -hasta el día de hoy- lo consideran una pérdida de tiempo, al punto de que muchas universidades han cambiado el nombre de estas asignaturas e incluso la han eliminado de muchos planes de estudio.
Esto en parte sucede por la manera teórica en que se han enseñado, sin comprender el grado de aplicabilidad que le damos en nuestra vida diaria. Otro factor son las élites dominantes a quienes les da terror la rebelión de las masas al fomentar el pensamiento crítico. Su miedo está históricamente bien fundamentado, solo es de revisar las grandes revoluciones que se dieron en los siglos pasados.
La mayoría probablemente apenas ha leído sobre Kant o simplemente nunca estudió su propuesta, pero es gracias a esta línea de pensamiento que muchas constituciones y sistemas de derechos humanos incorporan principios a favor del bienestar de las personas.
La tortura o la esclavitud son prácticas inaceptables en nuestra época, aunque exista el argumento de que podrían beneficiar a un grupo de personas. El mismo principio se aplica en términos de derechos laborales. La explotación laboral, la discriminación, el acoso sexual y laboral no son justificables, independientemente de que incrementen los beneficios económicos o la productividad.
Las empresas de IA no necesariamente incorporan la ética de la virtud inspirada en Aristóteles porque creen de manera desinteresada en ella. Estas empresas operan en contextos regidos por principios fundamentados en la democracia y buscan-en gran medida-protegerse legalmente.
En alguna medida algunas de estas empresas creen en estos principios y los ponen en práctica, para proteger su propia existencia. Si, estas empresas hubiesen surgido en regímenes autoritarios, ya quizás tendría el control total de la sociedad. Podemos avizorar un peligroso camino, por el cual la humanidad atravesará tarde o temprano (MIR).



