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martes, septiembre 22, 2026

La guerra de los drones

Por Mirna Isabel Rivera

La tecnología avanza rápidamente, pero la naturaleza humana está plagada de violencia y egoísmo; eso lo podemos observar en centros de trabajo, en las familias y hasta en las iglesias. Por eso, no es de extrañar que cuando se inventa o innova algo, termine siendo utilizado para aumentar la dominación de un grupo sobre otro.

Formar personas con valores en un mundo envuelto en las llamas de la maldad es complejo; es mandarlos como ovejas en medio de lobos feroces. En la actualidad, los países que han sido emblemáticos por promover el respeto a los derechos humanos universales, que han dado la pauta en la promoción del respeto a las mujeres y los niños, están dando un giro hacia la guerra.

En Europa, los países nórdicos están informando a su población sobre cómo prepararse en tiempos de guerra. Les instruyen qué tipo de alimentos comprar, qué medicamentos tener; es una forma de despertar a la población al peligro inminente y que ha estado acostumbrada a vivir en paz y prosperidad desde mediados del siglo pasado, después de la II Guerra Mundial.

El fin de semana pasado conocíamos casi en tiempo real una nueva escalada de la guerra entre Rusia y Ucrania. Rusia lanzó miles de drones sobre el territorio ucraniano, 450 dirigidos hacia Kiev, la capital. Por su parte, Ucrania respondió lanzando drones; Moscú afirmó haber interceptado 1,600 drones dirigidos a objetivos rusos.

Los drones son operados a larga distancia, mediante pantallas y controles que pueden recordar a los de un videojuego, pero el juego es en tiempo real y mata a los objetivos y por el margen de error, a civiles. Aquí se ha incorporado la inteligencia artificial y sistemas avanzados que cada vez necesitan menos la intervención humana.

Las imágenes de cientos de drones cruzando el cielo recuerdan, metafóricamente, a las langostas del Apocalipsis: “El aspecto de las langostas era semejante al de caballos preparados para la guerra” (Apocalipsis 9:7, Reina-Valera 1960).

Si alguna vez ha visto un dron sobrevolar y ha escuchado el ruido que emite, si sumamos miles de ellos, el zumbido agudo es similar al de un enjambre de abejas o mosquitos gigantes.

Desde que se crearon los primeros prototipos, la misión de los drones fue ser utilizados en el ámbito militar. Cuando escalan los conflictos como el de Rusia y Ucrania o el de Irán con los Estados Unidos y sus aliados, las consecuencias alcanzan a la mayoría.

Estas guerras ponen bajo ataque la economía global; los precios del petróleo van en alza y encarecen aún más la economía hondureña, que depende de la importación de combustible e insumos. Honduras es un país tan desorganizado que importa hasta los alimentos que se consumen.

Las potencias mundiales gastan billones de dólares en conflictos bélicos; el año pasado alcanzaron 2.9 billones. El poder militar es una forma de garantizar su poderío económico a través del dominio militar, o sea, por la fuerza.

La guerra de los drones muestra cómo sí hay dinero para armamento, pero no para alimentar a las poblaciones que padecen hambre. Hay enormes cantidades de dinero para desarrollar armamento y aniquilar a los civiles.

Para algunos analistas, podríamos estar en los albores de una tercera guerra mundial, pero para otros todavía son dolores de parto. Lo que sí está claro: la amenaza está latente. En el ajedrez de la geopolítica, cada vez que se mueve una pieza, otra cae y el final está más cerca (MIR).

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