Por Enrique Zaldivar

¡Que hace mucho ruido!… ¿Por qué esa persona es tan confianzuda?, me parece que es un dinosaurio, tiene como 10 años más que nosotros. ¡Vaya que resulta difícil convivir con otros, pero sin duda es algo que pasará siempre! Me encanta la frase que dice uno de mis mentores: somos diferentes, pero con muchas cosas en común.
Vivimos rodeados de gente todo el tiempo: en la casa, en el trabajo, en la calle, en redes sociales… y aun así, muchas veces se nos olvida algo básico: nadie es igual a nosotros. Ni piensa igual, ni siente igual, ni vive la vida con el mismo manual. Y aunque eso suena demasiado obvio. En la práctica nos cuesta aceptarlo más de lo que admitimos.
Somos seres gregarios y el sentido de pertenencia comienza, cuando encontramos cosas parecidas. Hasta en el romance es así. Le gusta la misma música, los mismos chistes, ¡Hacemos pareja! Eso da comodidad. Convivir con gente diferente es un verdadero desafío. Incomoda, reta, saca canas verdes.
Nos enfrenta a ideas que no entendemos, a costumbres que nos parecen raras, a opiniones que nos sacan de quicio. Pero justo ahí está el valor. Porque cuando convivimos con alguien distinto, no solo aprendemos del otro: nos conocemos mejor a nosotros mismos. Descubrimos por qué pensamos como pensamos, qué creemos de verdad y qué solo repetimos por costumbre.
Además, convivir con la diferencia nos enseña algo que hoy hace mucha falta: empatía. Cuando escuchas la historia de alguien que ha vivido cosas muy distintas a las tuyas, se te caen muchos prejuicios.
Te das cuenta de que no todo es blanco o negro, que la vida no se vive igual desde todos los lugares, y que juzgar desde afuera es muy fácil cuando no has caminado con los zapatos del otro.
¡Aquí está la valiosa enseñanza! También hay que decirlo: la diversidad enriquece. Imagine un mundo donde todos pensáramos igual, nos vistiéramos igual y soñáramos lo mismo. Sería aburridísimo. Las mejores ideas, los mejores proyectos y hasta las mejores conversaciones nacen del choque de perspectivas.
De alguien que pregunta “¿y si lo hacemos diferente?” cuando todos iban en la misma dirección. Convivir con personas distintas también nos prepara para la vida real. Porque la vida no nos pregunta con quién quiero trabajar, convivir o compartir espacios. Simplemente pasa. Y mientras más acostumbrados estemos a dialogar, respetar y entender diferencias, mejor nos va. No se trata de estar de acuerdo en todo, sino de aprender a discrepar sin deshumanizar.
Ahora bien, convivir con la diferencia no significa perder quién eres ni traicionar tus valores. No es pensar igual que todos ni quedarte callado siempre. Es saber expresar lo que crees sin aplastar al otro. Es entender que puedes estar en desacuerdo y aun así respetar, escuchar y aprender.
Creo que Honduras está en camino de aprender eso. Y vaya que está costando. A no imponernos, a saber que debe haber espacio para escuchar. Consientes de esto, es que de verdad podemos hacer equipo. Muchas veces hacer equipo es ceder, entendiendo al otro, sabiendo que en su momento le tocará también ceder, si la premisa es el equipo.
En las entrevistas de trabajo ¡Todos dicen que saben trabajar en equipo! Pero la verdad no es asi. Somos tozudos. Tercos. Impositivos. Porque creemos que lo más valioso es tener la razón. Un verdadero líder, sabe trabajar en equipo mostrando que no hay vencedores ni vendidos, sino un equipo. Lo desafío a capacitar su gente para crecer en la valiosa habilidad de hacer equipo.



