El famoso estratega militar y político chino, el legendario Sun Tzu, en su escrito -El Arte de la Guerra- dijo, acertadamente, “Hay hombres que son capaces de quemar a su país para gobernar sobre sus cenizas”.
No sólo Nerón, pero a lo largo de la historia una y otra vez se ha comprobado lo acertado de ese pensamiento. Mao Zedong, dictador -también chino- provocó directa e indirectamente la muerte de más de 65 millones de personas, compatriotas suyos que le adversaron políticamente, que fueron asesinados por órdenes suyas o por las hambrunas a que conducían sus fracasados planteamientos económicos.
Joseph Stalin -de Rusia- no se queda muy atrás con 40 millones de víctimas (por casi idénticas razones). Los dos hacen palidecer un poco la horrible memoria de Adolfo Hitler quien fue el responsable de la muerte de “sólo” 25 millones de personas, tanto en la Segunda Guerra como en su locura por eliminar del planeta a los Judíos (más de 6 millones exterminados).
Fue el mismo Stalin quien dijo que un muerto era una tragedia y un millón de muertos sólo una estadística. No señores, todos los muertos eran seres humanos, con familias, hijos, sueños, esperanzas e ilusiones, como usted y yo.
Pero, con tal de conservar el poder que arda el mundo… o el país! También dijo Stalin que la única cura para la enfermedad del poder es la muerte.
Tenemos por aquí un hombre que llena perfectamente ambas descripciones, la de Sun Tzu y la de Stalin.
Ya gobernó directamente desde casa presidencial, también intentó hacerlo desde la oposición, boicoteando a los gobiernos de turno y ahora brindando “asesoría” a la actual mandataria.
No basta, no es suficiente toda la división y el daño que le ha causado al país, quiere seguir gobernando por interpósita mano. ¿Cuál es su deseo? ¿Una mejor Honduras? De ser cierto eso ya ratos se hubiera quitado de enmedio.
Ha tenido dos oportunidades que sólo han servido para demostrar su incapacidad para sacar el país adelante y conducirlo por una senda de unidad, libertad y progreso, incapacidad sólo comparable -de manera inversa- con su capacidad como operador político.
¿Hasta dónde va a llegar? Hasta donde el pueblo y su ambición se lo permita, como sucede con todos los sedientos de poder por el poder mismo.
Un ejemplo parecido fue nuestro anterior gobernante. No le bastaron 4 años como diputado, cuatro de Secretario del Congreso, cuatro como Presidente del Congreso y cuatro como Presidente del Ejecutivo.
Quería más poder, se las arregló para burlar nuestra Constitución con el increíble argumento de que el artículo que prohíbe la reelección era “inaplicable” y se quedó 4 años más. En el camino estuvo envuelto en asuntos de narcotráfico por lo que fue deportado a los Estados Unidos para ser juzgado.
Su ambición política y económica le llevaron, finalmente, hasta una cárcel de máxima seguridad en Virginia, USA, donde cumple una condena de más de 45 años.
Por otra parte, en el ejemplo bueno de los seres humanos, murió en Uruguay hace unos pocos días un hombre que renunció al poder, sabiendo que había dado por su país todo lo que podía dar y que debía abrir el campo para que nuevas ideas, nuevos rostros, para que una nueva generación se encargara de las cosas.
Se lo pidieron miembros de su partido y hasta líderes de la oposición pero, como un verdadero patriota, no quiso seguir al mando, José Mujica, al igual que Nelson Mandela y unos pocos, han amado tanto a su patria como para hacerse a un lado y dejar que otros tomaran las riendas.
No es fácil reconocer su propia incapacidad, no es fácil, eso se entiende. En los mismos Estados Unidos Trump está disfrutando del poder, revolviendo la economía mundial, provocando caos por donde quiera que pasa.
Un ejemplo? Mientras en Gaza han muerto decenas de miles de personas en una guerra sin sentido, Trump ha declarado que esa franja de territorio sería convertida en la “Riviera de Gaza”.
El hombre es un genio en los negocios, aunque su capital se basó en un préstamo de su padre y en la quiebra financiera de muchos de sus negocios, quiebras de las que siempre se ha beneficiado.
¿Para qué quería un segundo mandato? Para algo que él llama MAGA y que yo parafraseo como MTGA, “Make Trump Great Again”, muy parecido al lema que utilizó Hitler (Hacer grande a Alemania de nuevo).
A Trump le gusta hacer titulares, estar en el centro de la noticia, codearse con los más poderosos del mundo, ganar dinero y jugar golf.
¿A dónde conducirá a los USA y al mundo, por arrastre? Al igual que aquí con el Comandante, hasta donde su ambición se lo permita.



