Por Enrique Zaldivar

Una de las fechas tan llamativas como fugaces, es el día del amor y la amistad. O san Valentín, como se le conoce. El origen de esta fecha, que es casi en todo el mundo que se celebra, muchos representándolo con regalos, corazones y un bebé gordito con alas y flecha, algunos atribuyendo esta fecha a un sacerdote que casó enamorados y otro a un enamorado que desafió el Status de la corona.
Creo que pasa a un segundo plano todo, si ponemos como centro del tema el amor y la amistad. Para muchos psicólogos los vínculos de toda relación afectiva deben pasar por estos tipos de amor, ya que son indispensables para las necesidades individuales de cada quien. Para algunos, el amor es eros. Nombre atribuido por los antiguos al sexo. Y su pensamiento pasa porque las relaciones afectivas deben basarse en eso.
Eros que en la mitología griega era el hijo de afrodita y ares, lo consideraban el dios del amor, el deseo y la pasión. Sin embargo, las relaciones se han comprobado no pueden basarse en ello para mostrar afecto. Aquí entra la importancia de desarrollar el amor philos. Que también viene del griego “Amistad” Afectuoso, afecto. El amor philos puede desarrollarse entre la misma familia, compañeros de trabajo y debería ser también muy necesario entre las mismas parejas.
Muchos matrimonios hoy día, han perdido la amistad. La complicidad. El compañerismo. El afecto para decirse los suficientes halagos para sentirse querido, pero también los puntos de vista necesarios para crecer. Estamos claros que la verdadera amistad cuesta. ¡Y por eso estoy de acuerdo que debe celebrarse! Porque muchas son las frases que se han dicho de ella, tal como “Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”.
Quien en su familia, en su trabajo y hasta en su pareja ha desarrollado el amor philos, debe sentirse dichoso, pues seguramente es un halago el poder tener cercanía y compañerismo con la gente que nos rodea. Pasando al tercer amor, descrito está el ágape. También proveniente del griego que se traduce como “Incondicional”, altruista y desinteresado. La Biblia nos enseña que Dios es amor. Y muchos definen este amor como ágape. Creo que es el nivel más alto, espiritual y comprometido que se pueda dar.
Quizás lo único comparable a ello pueda ser, de manera terrenal, el de los padres, que les toca de una manera u otra comprendernos, estar siempre para nosotros en todo momento, pues somos su fruto y como nos dicen con mucha ternura y otras veces más bien con resignación “Es mi hijo y que le voy a hacer”. El mundo está cada vez más polarizado y herido, porque se ha sustituido este amor, por un amor condicionado, conveniente y de temporadas.
Para comenzar a ejercitar nuestro corazón hoy quiero recomendarle, que ejercite el amor Philos. ¡Donde esté usted! Vea quien tiene a su lado y dele un reconocimiento genuino, sincero y entusiasta. Esto añade valor a las personas. Propóngase esta semana saludar y dar los buenos días con una sonrisa así no se la devuelvan. Pero sobre todo, para poder hacerlo, dese el mejor regalo en este día que se celebra el amor y la amistad: Ámese a usted mismo. Todo comienza por allí. Cuando decimos “Trata a los demás, como te gustaría te tratasen” Parte de eso, de que tanto me amo a mi mismo. Nadie da lo que no tiene primero, saben decir. Y creo que mucho para amar es perdonar. Perdonarse. ¡Aproveche la ocasión! Y haga las paces con usted.



