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jueves, agosto 27, 2026

Emprender a empujones

Por Rodrigo Amador

A los jóvenes de San Pedro Sula se les vende una mentira recurrente: que para poner un negocio basta con tener “pasión” y repetir mantras de autoayuda en redes sociales. La verdad incómoda es otra.

Arrancar desde cero en una ciudad donde el acceso al crédito es un laberinto, los contactos pesan más que el talento y el colchón familiar brilla por su ausencia, no es un acto de inspiración; es una prueba de supervivencia. Nos llenan la cabeza de discursos sobre la “cultura del esfuerzo”, mientras ignoramos que a la mayoría le falta lo elemental: capital, guía y un piso mínimo de seguridad. Si usted está empezando sin un tan solo centavo en la bolsa y con el viento en contra, este texto no es para aplaudirle el romanticismo, sino para decirle cómo se sobrevive al asfalto.

Olvídese del local elegante, del logotipo encargado a una agencia y de los trámites legales interminables. Si tiene una idea, sáquesela de la cabeza y tírela al ruedo de inmediato. La teoría no vale nada si nadie le ha puesto precio a su propuesta. ¿Hace comida? Véndale a los vecinos antes de pensar en una marca formal. ¿Ofrece servicios? Troquéelos por lo que le hace falta: ofrezca diseño a cambio de transporte o contabilidad a cambio de publicidad. En una economía tan golpeada como la nuestra, la verdadera moneda de cambio al inicio no es el dinero, es la capacidad de asociarse. Si usted sabe hacer el producto, pero no tiene la herramienta, busque al socio que la tenga. Deje el orgullo a un lado; en esta ciudad el individualismo es un lujo que los pobres no nos podemos permitir.

Además, deje de esconderse detrás de la pantalla intentando “ser influencer”. Si va a usar las redes sociales, úselas para mostrar la verdad de su proceso: el taller improvisado, el error de cálculo, la materia prima que falló y la cara de quien está sudando la camiseta. La gente está harta de la perfección plástica; compra autenticidad porque huele a verdad. Y no necesita un teléfono de alta gama para hacerlo; una ventana con buena luz natural y honestidad frente a la cámara bastan para construir lo único que sostiene un negocio en pañales: la confianza.

Por lo demás, aproveche que la tecnología básica es gratuita. Cero pretextos. Un catálogo en WhatsApp Business, un diseño rápido en Canva o un formulario digital están al alcance de cualquier celular prepago. Pero la herramienta digital no le va a pensar el negocio. Usted tiene que tener clarísimo a qué problema le está dando solución y por qué demonios alguien debería entregarle su dinero a un desconocido que recién empieza.

Asuma desde ya que el primer mes va a ser un desastre. Va a fracasar en las entregas, va a perder dinero y habrá días donde el único cliente sea su propia sombra. Es parte del oficio. La diferencia entre el que sobrevive y el que abandona no es la ausencia de tropiezos, sino la velocidad con la que ajusta la tuerca. No espere a que el panorama político, municipal y económico de San Pedro Sula sea el ideal, porque si se sienta a esperar eso, se va a jubilar sentado. Toque puertas, pregunte en organizaciones locales, investigue si hay pequeñas redes de apoyo que operan bajo el radar, porque las hay, aunque las instituciones se empeñen en ignorarlas.

Emprender sin herencia ni padrinos es una necedad necesaria. No se trata de esperar las condiciones perfectas, sino de construir un camino con lo que hay a la mano, equivocarse sin vergüenza y entender que un negocio no nace en una servilleta de papel, sino en la calle, forcejeando todos los días contra la corriente.

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