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lunes, julio 20, 2026

El riesgo de cerrar ciclos

Por Irazema Ramos

Cerrar un ciclo es sinónimo de querer seguir adelante. Es dar vuelta a la página, avanzar y no mirar atrás. Sin embargo, debemos reconocer que en ese proceso también corremos el riesgo de abrir viejas heridas.

Muchas personas sienten la necesidad de regresar al punto de inicio para cerrar una historia pendiente, buscando respuestas que les permitan calmar la mente, aliviar el malestar y continuar con serenidad. Cuando decidimos cerrar un ciclo, nos enfrentamos tanto a situaciones favorables como desfavorables.

En la mayoría de los casos, este acto genera bienestar, tranquilidad y plenitud. Pero también puede despertar miedo, culpa, frustración, impotencia, tristeza o coraje. Y es que nuestra mente tiende a aferrarse al pasado: nos apegamos a lo que conocemos, a lo que nos resulta familiar, a aquello sobre lo que sentimos cierto control.

Por eso, abrirnos a algo nuevo nos genera incertidumbre, y vuelve a resonar en nosotros aquella frase popular: “Más vale viejo conocido que nuevo por conocer.” Sabemos que cerrar ciclos es saludable, la psicología misma lo recomienda, pero también debemos entender que, en ocasiones, el dolor es parte necesaria del proceso de sanación.

Igual que cuando se limpia una herida o una quemadura: ese momento duele, pero es esencial para evitar infecciones y permitir que la piel se regenere. De la misma forma, cuando decidimos cerrar un ciclo, es posible que duela, pero el propósito final siempre es sanar. Si al cerrar una historia, un proceso o una relación sientes malestar, es normal.

El llanto, lejos de ser debilidad, es una forma de liberar lo que pesa. No temas sentir dolor: lo importante es no evadirlo, porque solo enfrentándolo podrá sanar poco a poco. Te animo a continuar tu proceso de madurez emocional.

Los conflictos que hoy vives no serán los mismos de mañana. Cada etapa de la vida tiene sus propias luchas, sus apuros y sus aprendizajes. La idea de cerrar un ciclo es poner paz en tu pasado, silenciar el ruido mental que interfiere en tu presente y avanzar con menos peso hacia tu futuro. No te culpes por aquello que ya no puedes cambiar.

Más bien, asume la responsabilidad de atender tus emociones y tus actos. Si necesitas perdonar, hazlo. Si necesitas pedir perdón, hazlo también.

Y si requieres apoyo en este proceso o tienes algo por compartir con nosotros escríbenos a eureka@elpais. hn o búscanos en Facebook, Irazema RamosPsicología.

Porque, como dijo Anatole France: “Todos los cambios, incluso los más deseados, tienen su melancolía, porque lo que dejamos detrás de nosotros es una parte de nosotros mismos.”

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