Por Mirna Isabel Rivera

El que más contamina debería pagar más. Esa podría parecer una lógica apropiada desde la perspectiva de los países en desarrollo.
La realidad contrasta con esta suposición, los países que más daño causan al planeta desde la Revolución Industrial son actualmente los más ricos, prósperos y mejor preparados para enfrentar los efectos del cambio climático.
Los principales emisores de gases de efecto invernadero son al mismo tiempo, los que más han prosperado económicamente. En primer lugar, China, que representa el 30%, los Estados Unidos es la segunda fuente y representa un 15%; India ocupa el tercer puesto con un 7%. En cuarto lugar, está Rusia, representa un 5% y en quinto lugar Japón con un 4% con una importante huella de carbono.
Estas cinco naciones son responsables del 60% de las emisiones mundiales de CO₂. Las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) provienen de los combustibles fósiles, la generación de energía, la actividad industrial y el transporte.
Para no caer en trampas y promover ideas erróneas, de que la industrialización es algo negativo, presentaré algunos puntos positivos como en el caso de China, Corea del Sur y Japón donde millones de sus ciudadanos salieron de la pobreza gracias a esta.
El modelo de negocios de la Revolución Industrial se ha basado en el petróleo, el carbón y el gas, que liberan grandes cantidades de CO₂ señalado como el principal responsable del calentamiento global. A esto suma la contaminación del aire, el agua y el suelo por las descargas industriales.
Además, ellos han promovido la explotación de los recursos naturales en países en desarrollo provocando la deforestación, la minería intensiva, el agotamiento de fuentes de agua y pérdida de hábitats naturales. Estamos viviendo la Cuarta Revolución Industrial, se integran tecnologías digitales, físicas y biológicas. Siempre hay presión sobre los recursos naturales, el agua, por ejemplo, es un recurso clave, para sostener la economía digital.
Otro mineral clave es el cobalto, indispensable para fabricar baterias recargables para teléfonos móviles, computadoras pórtatiles y sistemas de almacenamiento de energía. Es extraído de uno de los países con mayores índices de pobreza y degradación ambiental del mundo: República Democrática del Congo.
El verdadero desafío para las economías más desarrolladas no consiste en abandonar la industrialización, sino en transformar su modelo de negocio. Durante décadas, el crecimiento económico estuvo sustentado en la explotación intensiva de combustibles fósiles y recursos naturales.
Hoy resulta indispensable avanzar hacia modelos más sostenibles, basados en energías renovables, economía circular, innovación tecnológica y producción responsable. La prosperidad del siglo XXI dependerá cada vez más de la capacidad para generar riqueza sin destruir los ecosistemas de los que depende la vida humana.
Paradójicamente, los países en desarrollo son quienes menos han contribuido al problema del cambio climático, pero enfrentan las consecuencias más severas, es importante responder sobre la responsabilidad social global de los países más poderosos.



