Por: Enrique Zaldivar

Creo que poco a poco, los conceptos van evolucionando y cayendo en razón. Seamos honestos, ni nosotros sabemos qué hacer con toda la gente que genera contenido, pódcast o tienen su comunidad. No quiere decir que ya no aporten, para nada. Un buen creador de contenido puede explicar algo que una marca no sabe decir, puede traducir una comunidad en una tendencia o abrir una conversación en un nicho que ignora los comerciales, de la misma manera que hace con los términos y condiciones de algo.
Mucho se lee de que el influencer como tal ha muerto. De hecho, hay influencers anunciándolo en sus videos, pero también siempre surgen los que presentan el antídoto para devolverles la vida. La verdad es que los datos no muestran que estén muriendo, por el contrario. El IAB señaló que la inversión, solo en los Estados Unidos, en anuncios con creadores, llegaría a los 37. Mil millones de dólares en 2025. Un 26 porciento más que el año anterior. Y en Hondura, cada vez más son considerados imprescindibles en los presupuestos publicitarios.
Ahora bien, esto no quiere decir que el negocio no esté migrando. Pues la gente, poco a poco, lo piensa para creerles. La encuesta Edelman en más de 15 mercados, señalo que el 58 por ciento dijo confiar en que los influencers den información precisa de las marcas. Y en el mercado estadounidense, de cerca de 4,000 consumidores, aunque ese porcentaje compró por una recomendación de ellos, apenas un 5 porciento confiaba en lo que decía. Es decir, si mueve compras, pero poco mueve convicciones. La tarjeta pasa antes que la credibilidad.
Pueda que ese sea el motivo por el cual ahora les llamamos creadores de contenido. Influencer sonaba a capaz de influir. En mi tiempo le llamábamos modelos a seguir. Y había mucha reputación en juego. Creador de contenido suena a alguien que te produzco algo, entrega archivos y es alguien que hable por su empresa. Creador suena más amable. Es más, ni siquiera hay un término universal para ello. En el mismo estudio Edelman, algunas personas le llaman, personalidad digital, creador, e influencer. Y aunque aquí el punto es el nombre, la necesidad de confiar todavía está en juego
Y muchas veces nuestro único criterio puede ser el número de seguidores. A veces ese número no necesariamente nos convierte en gurús de algo. Como lo hablaba con un cliente, que dicho sea de paso es radiólogo y me mencionaba que se le cree muchas veces al de la comunidad en responsabilidades que tienen mucho que ver con la salud. A mi criterio los influencers no están muriendo, pero si quizás el genérico, el que podía recomendar lo que fuera y así mismo, el auténtico.
Entre tanta gente haciéndolo hoy día, pierde el valor de original, pues es algo que ya pasa a lo cotidiano en nuestro vivir. Simplemente, entre al TikTok y vea cuanta gente cuenta como estuvo su día desde su carro. Y creo que aquí es donde viene el gran desafío para los creadores de contenido, darle un “Por qué” la comunidad debe escucharle. No quiero quitar el esfuerzo, creatividad y sobre todo impacto que muchos están teniendo en el mercado publicitario. Y que de alguna manera no han sido estrellas fugaces, sino que con criterio y trabajo han sabido mantenerse. Pero se debe considerar que también ellos deberán adaptarse a los cambios. Y no los pueden encasillar a una sola marca o patrocinador, pues en ese caso se convierten en voceros de una institución y eso les quita independencia. ¡Y las marcas también deben saber a qué le apuestan!



