Por Rodolfo Dumas Castillo

Más de 290 mil hondureños buscaron trabajo este año y no lo encontraron. Es la cifra más dura de la última encuesta de hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), pero no la más preocupante. Lo que más debería inquietarnos es que, después de varios años de mejora sostenida, la pobreza volvió a subir de la mano del desempleo.
La tasa de desocupación pasó de 4.9% en 2025 a 7.1% en 2026. De cada cien hondureños que quieren trabajar, siete no encuentran dónde. Seis de cada diez hogares viven en pobreza, y casi cuatro de cada diez en pobreza extrema. Entre 2021 y 2025 la pobreza había bajado del 73.6% al 60.1%; en un año devolvimos parte de ese terreno.
Hay quienes desconfían de estas cifras y piden más transparencia. Pero esas críticas suelen sospechar que el dato oficial se queda corto, porque la tasa deja fuera a quien ya se cansó de buscar trabajo, y la población fuera de la fuerza laboral creció sustancialmente en un año. Podemos discutir si el desempleo real es de 7% o más, pero la tendencia la vemos a diario en los negocios que bajan la cortina y en las enormes filas frente a cada oferta de empleo.
Detrás de cada punto porcentual hay personas, como el padre que decide cada quincena si paga la luz o la cuota del colegio, o el recién graduado que, después de meses entregando hojas de vida, empieza a mirar hacia el norte. Si ese muchacho se va, el país pierde también lo que invirtió en formarlo.
El problema no es nuevo, porque la falta de empleo digno acompaña al país desde hace por lo menos quince años. Pero en 2021, tras la pandemia y las tormentas Eta e Iota, la desocupación llegó a 8.6% y logramos bajarla durante cuatro años seguidos. Eso nos da la certeza de que se puede mejorar, y aun así este año volvimos a abrir la brecha.
A esto se suma un riesgo externo. Más de 40 mil hondureños amparados por el TPS en Estados Unidos podrían perderlo, y un mercado laboral que no ofrece oportunidades a quienes están aquí tendría que absorber también a quienes regresen.
La respuesta del Estado, en este gobierno y en los anteriores, ha sido de medidas sueltas. Los programas de trabajo temporal en el extranjero ayudan a quien logra irse, pero equivalen a admitir que aquí no tenemos trabajo para nuestra propia gente. La Ley de Empleo Parcial regula cómo se contrata sin resolver por qué no se contrata. En más de treinta años de asesorar empresas nacionales y extranjeras hemos escuchado muchas veces la misma pregunta del inversionista, que quiere saber cuánto le costará contratar formalmente en Honduras. La respuesta rara vez lo anima.
Si el Gobierno va a dar prioridad al empleo, debe empezar por fijarse metas medibles. Proponemos volver a una desocupación de 4.9 % antes de que termine 2028, con un informe anual ante el Congreso Nacional. Si nadie debe responder por su cumplimiento, la meta sirve de poco.
También hacen falta incentivos para las empresas que contratan, otorgados contra resultados verificables y no a cambio de promesas. Eso significa empleos formales creados y mantenidos, inscritos en el Seguro Social y con salario igual o superior al mínimo. La empresa que no cumpla, que lo devuelva.
Urge quitarle trámites a la formalidad. Para muchos pequeños negocios, seguir en la informalidad es una cuenta sencilla, porque formalizarse cuesta más de lo que rinde. La capacitación técnica, además, debe seguir la demanda real de las industrias del Valle de Sula, en lugar de formar a jóvenes en oficios que el mercado ya no pide.
Hay que mirar con especial atención a las mujeres, entre quienes el desempleo llegó a 10.8%, más del doble que entre los hombres. Guarderías accesibles y crédito para emprendedoras harían mucho por el empleo femenino. Y tener trabajo no basta. El ingreso laboral promedio subió 6.9 %, a L.10,356 mensuales, pero sigue sin alcanzar para que seis de cada diez hogares salgan de la pobreza. El INE cuenta además 1.6 millones de personas subocupadas.
Mañana, esos 290 mil hondureños volverán a salir a buscar trabajo, y muchos regresarán a casa con las manos vacías. Para ellos, la única noticia que cuenta es una plaza de trabajo, y ningún anuncio la sustituye. Dentro de un año el INE publicará una nueva encuesta, y esa será la verdadera prueba. Ahí sabremos si Honduras entendió que el empleo ya no puede esperar.



