Por Otto Martín Wolf

Creo que todavía estamos muy lejos de establecer comunicación con una civilización extraterrestre. Todo el asunto podría resultar tan imaginario como los unicornios, la dieta que empieza el lunes o el político que cumple exactamente todo lo que promete.
Sin embargo, eso no impide realizar un pequeño ejercicio mental.
Supongamos que, en algún rincón remoto del universo, una civilización avanzada intercepta nuestras transmisiones de televisión, películas, redes sociales y todo el contenido que producimos las veinticuatro horas del día. Es decir, todo aquello que nosotros consideramos nuestra cultura y cuyo significado que son incapaces de entender.
Imaginemos la escena. Un grupo de científicos extraterrestres observa atentamente una película de Jurassic Park.
—¿Qué ocurrió aquí? —pregunta uno.
—Parece que esta especie dominante decidió resucitar a los depredadores más peligrosos de su historia evolutiva.
—¿Con qué propósito?
—No está claro. Tal vez para que los visitantes pudieran comprar camisetas en la tienda de recuerdos y luego tratar de evitar ser devorados por ellos. Silencio.
—¿Y cómo terminó el experimento?
—Exactamente como cualquier persona con dos neuronas habría previsto.
Los extraterrestres tomarían notas.
“Los humanos dedican enormes recursos tecnológicos a crearse problemas innecesarios.”
“Eligiendo a los gobernantes equivocados todas las veces?”
Exactamente
Después vendría el turno de las películas de superhéroes.
—Observad esto.
—¿Quién es ese?
—Uno vuela.
—¿Y aquel?
—Puede levantar edificios.
—¿Y el otro?
—Se desplaza colgando de una cuerda que sale de sus muñecas.
—Extraño sistema de transporte, pero parece funcionarles mejor que el tráfico terrestre.
Lo verdaderamente desconcertante para ellos sería descubrir que existen cientos de superhéroes distintos y que, aun así, la humanidad continúa teniendo dificultades para encontrar estacionamiento o un político sincero.
Otro extraterrestre revisaría el historial cinematográfico de nuestro planeta.
—No comprendo algo.
—¿Qué sucede?
—Según estos documentos, la Tierra ha sido destruida por invasiones alienígenas, guerras nucleares, meteoritos gigantescos, volcanes planetarios, robots rebeldes, inteligencias artificiales, monstruos marinos, mutaciones genéticas, hambrunas, virus letales y agujeros negros.
—¿Cuántas veces?
—Miles.
—¿Y todavía existe?
—Aparentemente sí.
—Entonces deben poseer una tecnología modernísima, guionistas extraordinarios o público que no se cansa de ver cómo se reciclan las ideas.
La confusión aumenta cuando llegan las películas de zombis.
—Atención. Este fenómeno parece especialmente grave.
—¿Por qué?
—Basta una mordida para que la víctima se transforme en otro monstruo.
—¿Y cuál es la solución?
—Discutir durante dos horas mientras los zombis siguen mordiendo personas.
—¿No tienen armas?
—Sí.
—¿Y refugios?
—También.



