18.9 C
Honduras
viernes, junio 19, 2026

¿El hilo de la voz?

LA ilustrada amiga del colectivo reproduce una frase del editorial: “Cada libro abierto es una pequeña fogata encendida en mitad del bosque. Y cada niño al que se le lee un cuento antes de dormir… es un bosque entero que todavía tiene la oportunidad de florecer”. Y comparte párrafos finales del libro “El Infinito en un Junco”: “Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños”. “Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños”. “Hay algo asombroso en el hecho de haber conseguido preservar las ficciones urdidas hace milenios. Desde que alguien narró por primera vez la Ilíada, las peripecias del viejo duelo entre Aquiles y Héctor en las playas de Troya, nunca han caído en el olvido. Como escribe Harari, un sociólogo arcaico que hubiera vivido hace 20,000 años, bien pudiera haber llegado a la conclusión de que la mitología tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir”.

“Al fin y al cabo, ¿qué es un cuento?”. “Una secuencia de palabras. Un soplo. Una corriente de aire que sale de los pulmones, atraviesa la laringe, vibra en las cuerdas vocales y adquiere su forma definitiva cuando la lengua acaricia el paladar, los dientes o los labios”. “Parece imposible salvar algo tan frágil”. “Pero la humanidad desafió la soberanía absoluta de la destrucción al inventar la escritura y los libros”. “Gracias a esos hallazgos, nació un espacio inmenso de encuentro con los otros y se produjo un fantástico incremento en la esperanza de vida de las ideas». “De alguna forma misteriosa y espontánea, el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente –hombres y mujeres– que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo”. “Esta es la historia de una novela coral aún por escribir”. “El relato de una fabulosa aventura colectiva, la pasión callada de tantos seres humanos unidos por esta misteriosa lealtad: narradoras orales, inventores, escribas, iluminadores, bibliotecarias, traductores, libreras, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, viajeros, monjas, esclavos, aventure ras, impresores”. “Lectores en sus clubes, en sus casas, en cumbres de montaña, junto al mar que ruge, en las capitales donde la energía se concentra y en los enclaves apartados donde el saber se refugia en tiempos de caos”. “Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia”. “Los olvidados, las anónimas”. “Personas que lucharon por nosotros, por los rostros nebulosos del futuro”. Otra parte del ensayo lee: “Ahora mi madre y yo susurramos las historias de la noche en los oídos de mi hijo”. “Aunque ya no soy aquella niña, escribo para que no se acaben los cuentos”. “Escribo porque no sé coser, ni hacer punto; nunca aprendí a bordar, pero me fascina la delicada urdimbre de las palabras”. “Cuento mis fantasías ovilladas con sueños y recuerdos”. “Me siento heredera de esas mujeres que desde siempre han tejido y destejido historias”. “Escribo para que no se rompa el viejo hilo de voz”.

“Nunca olvidarás –habla de la tradición oral– a quien te contó un buen cuento en la penumbra de una noche”. La obra concluye recordándonos que “la humanidad no solo ha sobrevivido por su fuerza o por sus conquistas, sino porque ha sabido contar historias y transmitirlas”. “Primero fue la voz alrededor del fuego; después llegaron las tablillas, los papiros, los pergaminos. los periódicos y los libros”. “Cada generación recibió un relato, lo hizo suyo y lo entregó a la siguiente, enriquecido por la memoria y la imaginación”. “La tradición oral mantiene viva la memoria cuando no existen los libros, y los libros preservan esa memoria cuando las voces se apagan. Ambas formas de transmisión no compiten: se complementan y forman una misma cadena que une a los seres humanos a través del tiempo”. “Mientras haya alguien dispuesto a contar una historia y otro dispuesto a escucharla, la humanidad seguirá venciendo al tiempo”. “La palabra dicha en voz alta enciende la chispa; la palabra escrita la protege del viento. Entre ambas, generación tras generación, se construye ese puente invisible que llamamos civilización”. “La lectura es un acto de hospitalidad y de resistencia frente al olvido”; “cada vez que alguien cuenta un cuento a un niño o comparte una historia, mantiene viva una tradición milenaria que desafía al tiempo y a la muerte”.

 

Más Noticias de El País