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miércoles, junio 3, 2026

¡Con gluten por favor!

La más antigua evidencia arqueológica comprobada de fabricación de pan se remonta a unos 14.000 años.

Luego, en el Neolítico, cuando se inició la agricultura, hace unos 10 mil años, el pan se convirtió en ingrediente básico de la dieta.

En aquél tiempo existían unos 6 millones de personas. Es sorprendente que, hasta ahora, básicamente a partir de 1940 se descubrió la conexión entre el gluten y la enfermedad celíaca, que es una condición crónica que se desencadena por la ingestión de proteínas presentes en el trigo, avena, cebada y centeno.

¿A dónde voy con todo esto? Que si bien es cierto para quienes la padecen debe ser una cosa terrible, a la mayoría de la humanidad no le ha impedido desarrollar desde esos 6 millones de personas originales hace 10 mil años, hasta los 8 billones que somos ahora.

¿A quienes no perjudica el gluten y, por el contrario, a quienes beneficia su existencia Aquellos que se han visto beneficiados son los que padecen esa condición (aprox. un 1% de
la población mundial).

Ahora vamos a los negocios: El aprovechamiento de esa condición para la elaboración,
promoción y venta de productos que NO contienen gluten sobrepasa enormemente las necesidades del mercado.

¿Qué quiero decir con esto? Que, de repente, todas las etiquetas de casi todos los productos, aún los no relacionados o derivados de los cereales que he mencionado,
traen la inscripción LIBRE DE GLUTEN.

¿Pan libre de gluten? Otros derivados del trigo, muy bien pero, ¡agua embotellada sin gluten! Hasta ese extremo han llegado algunos! Los tigres del mercadeo aprovechan cualquier cosa, especialmente la ignorancia de la ente, para vender lo que puedan.

Hay miles de ignorantes que están pagando más caro por productos sin gluten, aunque no padezcan esa condición clínica y, en muchos casos, no sepan qué es el maldito gluten y para qué sirve o en qué perjudica.

Después de leer un poquito sobre eso yo ahora pido todo con extra gluten, siempre que no me cueste más, que conste. Usted y yo, que diariamente somos víctimas del exceso de promoción en intentos de venta de miles de productos, hemos visto aparecer en los anaqueles un montón de cosas raras (aparte de libre de gluten) y que sólo están destinadas a extraer de nuestro bolsillo (o tarjetas de crédito) todo lo que puedan.

Cuando apareció la Sal Rosada del Himalaya algunos pudimos pensar  equivocadamenteque en realidad era algo bueno para el sabor de los alimentos y la salud (será que esa sal no ayudaba a subir la presión?) aunque en realidad era lo mismo que cualquier sal, ya sea marina o de minas terrestres.

El éxito de comercialización de la Sal del Himalaya ha traído consigo muchos otros nuevos
tipos de sal, cada uno más especializado y, desde luego, más caro. Sal especial para barbacoa, sal para ensaladas, sal para servir en la mesa, sal con gránulos más gruesos y también más finos, etc.

Los productores de sal descubrieron un rico filón en la ignorancia de la gente y ahora cada una de esas sales (que en esencia son lo mismo) se vende a mejor precio (para ellos) y todas anuncian -además- que no contienen gluten.

El que inventó el mercado de las variedades de sales es un genio, no hay que dudarlo, ya que el uso de la sal se remonta a la prehistoria y es hasta ahora que alguien descubrió las mil y una variedades con las que le pueden sacar más dinero a la gente.

Y nosotros, simples consumidores, somos las carretas de siempre. Por cierto, en Colombia existe una enorme catedral excavada en una gigantesca mina de sal, qué les pasará que no han intentado todavía venderla como “Sal Sagrada de la Catedral Milagrosa”, creo que miles de incautos la comprarían y, desde luego, a un precio extraordinario por sus supuestas “condiciones mágicas” o lo que puedan inventar, así como hay algunos que venden “agua del manantial sagrado” en muchas fuentes naturales de agua pero que  genialmente- relacionan publicitariamente con algún lugar religioso cercano.

En esta época en que la humanidad disfruta de la mayor fuente de información jamás conocida y toda al alcance de un teléfono barato, es cuando más ignorancia existe, conforme los “influencers” se han adueñado de la capacidad de influenciar a todos los que padecen de “peresitis aguda”, condición que no les permite buscar una fuente confiable y se van con lo que les dice cualquier imberbe, en el caso de las mujeres siguen a aquella que se maquilla más y utiliza menos ropa y en los hombres prefieren los que usan los pantalones más abajo que Cantinflas.

En esa época estamos, quizá la que los arqueólogos del futuro bautizarán como “La Era de la Ignorancia Mejor Informada”.

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