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miércoles, septiembre 16, 2026

¿Bendiga Dios?

“EL cielo, cual manto prodigioso sobre el bosque, no envejece. Los años pasan debajo de ese azul, pero no consiguen cambiar ni su color azul turquesa ni su morfología. Ha visto crecer los pinos, doblarse los viejos troncos, desaparecer senderos y abrirse otros entre la maleza; ha contado generaciones enteras con el silencioso calendario de sus amaneceres”. –Winston pregunta: ¿Qué tienen esos en contra de la identidad nacional? –¿A qué te referís? –¿Qué de la historia ignoran? ¿Si la influencia de los azules claros rioplatenses, el legado independentista y de la antigua Federación Centroamericana, o incluso hasta nuestras raíces ancestrales? –¿Te referías a los mayas? –Claro, con una distinción. El “azul maya” designa un pigmento histórico, el “azul turquesa”, una tonalidad. Pero el azul maya reviste esa gama luminosa entre azul, celeste verdoso y turquesa que hace comprensible la asociación. “Los mayas –en una de esas grandes proezas tecnológicas de la América prehispánica– consiguieron unir dos sustancias completamente diferentes: Un añil o índigo que aportaba el color azul –procedía de las plantas del género indigofera-– con paligorskita, una arcilla mineral blanca y porosa que aportaba una estructura mineral microscópica extraordinariamente estable”.

–“Al combinar ambas sustancias –probablemente mediante trituración, mezcla y calentamiento– las moléculas orgánicas del índigo quedaban asociadas íntimamente con la estructura de la arcilla. Es decir, los mayas encerraron el azul vegetal dentro de una arquitectura mineral”. –¿Qué tenía de excepcional? –Su durabilidad.  “El azul maya, ha sobrevivido durante siglos en el clima tropical mesoamericano. Presenta una resistencia extraordinaria –desconcertante a los científicos modernos– incluso frente a ácidos, álcalis y otros reactivos”.  –¿Y para qué lo utilizaban? “No era solamente decorativo. Aparece en murales, esculturas, cerámica y códices, y su utilización se extendió durante muchos siglos, desde períodos preclásicos hasta tiempos coloniales, pero tuvo también una profunda dimensión ritual y simbólica”. “El azul estuvo asociado con ceremonias, sacrificios y elementos preciosos del mundo maya. Una relación simbólica con materiales altamente estimados como el jade y las plumas del quetzal”. “En las asociaciones culturales mesoamericanas ese continuo azul-verde podía evocar agua, vegetación, jade, plumas preciosas, fertilidad y ámbitos sagrados”. –Entonces, ¿qué relación tiene con el turquesa? –“Si no una duplicidad, el azul maya produce tonalidades que pueden adentrarse claramente en la familia visual que hoy describimos como azul turquesa”. Encontramos imágenes arqueológicas donde el “Maya Blue” se revela como un azul celeste intenso, mientras otras parecen casi turquesa”.

–“Cuatro milenios antes de que una ley hondureña empleara las palabras “azul turquesa”, el mundo maya que habitó parte del actual territorio de Honduras, en Copán, ya había desarrollado uno de los azules más extraordinarios de la historia: un azul luminoso, a veces de apariencia turquesa, fabricado con añil y arcilla y capaz de desafiar los siglos”. –Pero el desprecio no solo es a nuestros abuelos ancestrales; parece que igual tienen tirria a los poetas: A los versos del Himno Nacional de don Agusto C. Coello: “Tu bandera es un lampo de cielo/ por un bloque de nieve cruzado;/ y se ven en su fondo sagrado/ cinco estrellas de pálido azul”. –Y contra la Oración del Hondureño de Froylán Turcios: ¡Bendiga Dios la pródiga tierra en que nací! “…Respetaré sus símbolos eternos y la memoria de sus próceres, admirando a sus hombres ilustres y a todos los que sobresalgan por enaltecerla. Y no olvidaré jamás que mi primer deber será, en todo tiempo, defender con valor su soberanía, su integridad territorial, su dignidad de nación independiente; prefiriendo morir mil veces antes que ver profanado su suelo, roto su escudo, vencido su brillante pabellón”. Winston –pensando cómo unos cambiaron el color legal e histórico de la bandera, y otros troncharon el escudo, se despidió, oteando el azul infinito que permanecía intacto, cubriendo el bosque como un techo heredado desde el principio de los tiempos.

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