SOBRE el inmenso bosque aquel cielo, inalterable en su azul turquesa –de la Bandera Nacional–, como si los años no tuvieran autoridad sobre el sempiterno color. Han envejecido los pinos, han caído ramas y nacido otras, han pasado torrenciales lluvias, tostadas sequías, crudos inviernos e incontables generaciones; pero allá arriba continúa la misma bóveda serena, antigua y fiel, tendida como un manto protector sobre la tierra. -¿Y ahora con qué venís?, recibe el Sisimite a Winston. -Es que acá no hay por dónde pasar, lo que hacen con las manos lo deshacen con los pies. ¿Supiste lo del escudo? -Si te referís a lo inaudito de la pasada administración, claro que supe. Si bien repartieron banderas rescatando el color azul turquesa, honrando el decreto de 1949 del nacionalista Juan Manuel Gálvez, mutilaron el Escudo Nacional. -Fue la alteración gráfica que hubo bajo el pretexto de hacerlo como su “marca” o “identidad gráfica institucional”.
-Enseñá, ¿traes allí una muestra? -Sí mirá, extendiendo sobre el zacate un ejemplar de EL PAÍS: A un lado, la bandera azul turquesa; al otro, dos imágenes del Escudo Nacional. El Sisimite las observa, rascándose la cabeza. -Winston, ¿y qué le pasó a ese otro escudo, el trastocado? Parece que bajó de peso. -Pues sí. -En el escudo auténtico están las montañas, los árboles, las minas y las herramientas, tal como manda la descripción legal del Escudo Nacional, la cordillera, los árboles y el panorama minero, con la barra, el barreno, la cuña, la almádana y el martillo. -¿Y en el otro? -Desaparecieron. Lo truncaron. Se quedaron con una representación gráfica de la cabeza y se volaron el cuerpo. -“A finales de enero de 2022, comenzó a utilizarse en comunicaciones oficiales una representación minimalista del Escudo”. Desató polémica. Una publicación del 31 de enero de 2022 documentó que las cuentas gubernamentales ya utilizaban esa figura, pero según Libre, “no se estaba modificando el Escudo Nacional, sino creando una imagen o membrete propio del gobierno”. Huy, pero tronchada. El Decreto No. 16 del 10 de enero de 1935, que uniformó legalmente el Escudo, no se limita al óvalo central. La composición comprende también la cordillera y, en ella, los árboles y los elementos mineros –minas, barra, barreno, cuña, almádana y martillo–. Es decir, esos elementos inferiores forman parte de la descripción legal del Escudo Nacional. La versión gráfica utilizada por el gobierno no reproducía íntegramente el Escudo establecido legalmente. -La Academia Hondureña de Geografía e Historia en abril de 2022, dirigió una nota a presidencial objetando el uso en la correspondencia oficial de una imagen que no correspondía a la descrita por el Decreto No. 16 de 1935 y pedían que el Escudo utilizado por el Gobierno se ajustara estrictamente a la imagen legal.
-Y lo irónico. Que la Academia distinguiera la bandera, de este desaguisado del escudo, señalando que “había respaldado la corrección del color de la Bandera” –azul turquesa”– “porque debía respetarse lo establecido por la ley”, y sostuvo que “el mismo criterio de legalidad debía aplicarse al Escudo”. -Disparate llamar “marca de gobierno” a una representación truncada del Escudo. No disimula la cuestión si esa figura se coloca en membretes, correspondencia y comunicaciones oficiales en una posición en que funciona como emblema del Estado. (Se murmuró que la mutilación obedecía a la posición ideológica de poder de turno, contra la minería, como si aquel inserto pictórico no fuese, igual a lo demás, –los pinos, las flores, las cordilleras, la aljaba con flechas, adornada con los cuernos de abundancia unidos con un lazo, acompañado de ramas y elementos vegetales–representativa del patrimonio de identidad y de recursos naturales de Honduras. Y en el óvalo: “República de Honduras, Libre, Soberana, Independiente, 15 de Septiembre de 1821”; el triángulo equilátero, los dos castillos, el volcán, el sol naciente y el arcoíris, además de los mares. Winston jamás dudó que bajo ese azul turquesa perdurable el bosque respiraba. Sabe que hay cosas inmodificables, el cielo que lo cobija, la luz que desciende entre las agujas y esa certeza silenciosa de que también el respeto a la permanencia es una forma de vida).


